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Vacío

Los domingos por la mañana no hay demasiada faena, así que hago un par de cosas, pura rutina, atiendo un rato, saco un libro y empiezo a leer.

Cuando quiero darme cuenta tengo un destornillador apuntándome. Detrás del destornillador hay un hombre. Es moreno de piel y pelo, unos cuarenta y algo, casi cincuenta, normal tirando a relleno.

Sus ojos intentan ser firmes. Su voz también.

¿Me das el dinero?

Estoy apoyado en el mostrador, sólo he levantado la cabeza para mirarle. Mi cara está a unos dos palmos del destornillador. Mi mano izquierda sigue sujetando la tapa del libro, mi dedo derecho está sobre la línea que no he terminado.

No, no te doy el dinero.

Termino la línea y vuelvo a mirarle. Cierro el libro. No me aparto.
¿Por qué?, dice.

Me inclino hacia delante para contestarle, el destornillador está más cerca.

Si quisiera, a esa distancia, podría vaciarme un ojo.

Porque es domingo, le digo, porque no hay nadie, porque has elegido muy mal día para atracar y porque no hay nada que llevarse.

Mira si hay algo, me dice.
Sin dejar de mirarle a los ojos le digo que no, que no voy a mirar porque no hay nada.

Entonces miro su destornillador. Después miro por detrás de él, un poco por encima y vuelvo a mirarle.
Y, tío, guárdate eso. Porque la cámaras de seguridad te están grabando y la vas a cagar.

Sin variar su expresión desliza el dedo por el metal y va escondiendo la herramienta muy despacio. Se apoya un poco en el mostrador para disimular.

La punta ya no está hacia mí.

Hay un pequeño momento en el que pienso que algo va mal.
Pero no con él.
Conmigo.

Se supone que tendría que tener miedo, estar asustado, algo, sentir alguna cosa.
En lugar de eso estoy ahí, mirándole.

Por supuesto no tenemos cámaras.

Coge eso, le digo, y vete de aquí.

Abro el libro y le echo un vistazo mientras le digo al tipo que, por mí, no me ha dicho nada, que todo eso no ha pasado, que se marche y que no se busque problemas.

Vuelvo a mirarle y siento algo que, de ser un sentimiento completo, podría parecer lástima.

Hay unas bolsitas, dos, sobre el mostrador. Son las pequeñas pulseras que regalan con las papas. Olvidé tirarlas.

Las mira y me mira.

¿Me puedo llevar esto?
Sí, cógelo y vete de aquí.

Se lo digo como se lo he dicho todo. Sin ningún tipo de inflexión, sin suavidad ni dureza. Sin nada.
Vacío.

Se marcha despacio. Le observo hacerlo. Cojea un poco.
Me levanto, voy al baño y me miro al espejo.

Me quedo mirando mi reflejo, esperando alguna reacción. Algo. Alguna puta cosa.
Nada. Cero.
Vacío.

¿Qué coño pasa contigo?

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Comments

tio me ha encantado, soy escritor novato, quizas demasiado novato como para llamarme escritor, pero me gusta escribir y creo que esa es la base. Por ahora solo escribo para desahogarme, considero al papel un amigo con dones de psicólogo, alguien que sabe escuchar y con el que puedo confiar para contarle cualquier secreto.
En general me han gustado todos tus textos pero sobretodo este, el de vacio, me he sentido asi tantas veces. Cuando mi ex me dirigió su última mirada no senti nada y me senti mal por no sentir nada.
Me gustaría saber más de ti, de tus textos. Te descubrí sin querer en mi bar personal donde me gusta acercarme de vez en cuando para escribir rodeado de gente pero en la más absoluta soledad.
Si puedes y no es demasiada molestia, enviame información de como puedo leer más sobre ti.
Atentamente un novato escritor.

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