Iceberg
Somos tres en mi cama.
Estoy haciéndole cosquillas a una de ellas en la barriga, con la yema de mis dedos, mientras otra me rasca la espalda.
Me gusta que me rasquen la espalda.
De pequeño era la única forma de conseguir que estuviese quieto durante un buen rato.
Abrazo y me dejo abrazar un poco. No siempre puedes ser abrazado por dos frentes sin que intenten matarse entre sí, así que disfruto del momento.
Por la mañana sigo estando en el centro de la cama y sigo teniendo dos chicas conmigo. Despierto a la que está cerca de la pared y bromeamos con la que está al otro lado, encima del borde de la cama. (No, encima de mí no, me refiero al otro borde de la cama, el extremo sin pared. Exacto.) Le pateo un poco el culo, la empujo y le digo que traiga el desayuno. Sólo estoy bromeando, claro; bajamos a desayunar los tres juntos.
La chica del bar nos mira un par de segundos y sé lo que está pensando.
Lo sé porque una mañana me preguntó sobre el tema.
Estaba solo y bajé a tomar un café mientras leía los periódicos. Iba por la segunda o tercera noticia cuando ella se sentó frente a mí. Se me quedó mirando con esa cara que ponen los amigos cuando creen que tienes algo divertido que contar. Me quedé mirándola unos segundos y le pregunté, sonriendo, si pasaba algo.
Preguntó, sin perder el tono divertido, por qué iba a desayunar cada vez con una chica distinta, por qué todas tenían cara de cansadas, por qué todas eran guapas y por qué no reconocía que era un golfillo que se pegaba la vida padre.
Le dije que estoy solo, que duermo con amigas, que tengo muchas, que me fio de ellas y que ellas se fian de mí, que eso es todo, que no son ligues.
Por supuesto no se creyó ni una maldita palabra.
Podría haberselo explicado con más detalles, pero de un tiempo a esta parte no doy muchas explicaciones. Además me hace gracia que me toque el culo sin querer cuando nos damos dos besos para despedirnos, así que me parece justo que piense lo que quiera.
El caso es que su mirada, cuando nos ve entrar, es curiosa.
Nos sentamos, le pedimos los cafés y nos los trae.
Las dos chicas y yo estamos desayunando. Me preguntan si escribiré sobre esa noche. Les digo que sí. Me preguntan si lo contaré todo. Les digo que usaré la elipsis de Hemingway en el sitio más adecuado. Pedimos más café y algo de comer. Al rato estamos riéndonos.
Me encantan los icebergs.

Comments
Agregame,
Posted by: Ana | 6 de Julio 2006 a las 01:51 PM