La prensa que viene
Escribo esto en el día mundial por la libertad de prensa.
Me interesa no sólo escribir, sino la comunicación y, por supuesto, la información y la veracidad de esta. Me interesa mucho y, ahora mismo, estoy metido hasta el cuello en la revista para la que escribo y en el proyecto de periódico en el que se me ha invitado a participar. En breve voy a salir a cubrir un reportaje y tendré que entrevistar a algunas personas, por lo que estoy bastante centrado en esta historia.
Muchos de mis amigos son periodistas y comunicadores audiovisuales, algunos en formación y otros ejerciendo. Con algunos tengo un trato especial, ya que intercambiamos textos y nos ayudamos mutuamente a mejorar.
Este texto está dedicado a ellos, en especial a los que ahora están estudiando. Muchas veces hablamos de cómo está el panorama y compartimos dudas e inquietudes, así que me ha parecido buen momento para hablar de estas cosas aquí. Voy a intentar exponer alguna idea, y ya veremos si a alguien le sirve de algo.
En primero lugar se dice que un medio de comunicación ha de ser objetivo.
Bien.
Eso no existe.
Y no me refiero a que no exista un medio objetivo, no, me refiero a la objetividad en sí.
Se puede ser exacto, pero, como alguien dijo, exacto no es sinónimo de verdadero, aunque muchos estadistas se empeñen en ello.
Creo que, cuando la gente habla de objetividad, sin darse cuenta está hablando de concordancia con la versión ya establecida de hechos.
Si lo expuesto cuadra con la versión aceptada del tema dado, es objetivo.
Si lo pone en duda es subjetivo, poco fiable, ha de demostrar sus fuentes y, aún así, o será acusado de falsedad o de ser una opinión condicionada por cualquier patología freudiana o tendencia política que salga al paso en ese momento, el caso es dudar y desconfiar de todo lo que no suene como lo que ya conocemos aunque, irónicamente, aceptemos confiados "la verdad" que nos sabemos de memoria.
Ridículo, lo sé, pero supongo que si yo soy capaz de darme cuenta tú también.
Es curioso observar cómo una opinión que apoya al Status Quo es tratada como realidad; no necesita precisar sus fuentes ni dar pruebas de validez, mientras que una opinión discordante con el discurso de realidad está siempre bajo sospecha y, en última instancia, si supera todas las pruebas a las que es sometida, es reducida a simple forma de ver las cosas.
Creo que es necesaria una subjetividad formada, que englobe distintos puntos de vista, que sea capaz de mirar desde distintos ángulos, cómodos e incómodos, convenientes e inconvenientes, y devenir en algo totalmente nuevo.
Esto, en ocasiones, se malinterpreta y se cae en la más aburrida de las ambigüedades. Frialdad desapasionada, normalmente. Enumeración rutinaria, artículos sin chispa ni sustancia.
Por otra parte tenemos gente con unos puntos de vista valiosos, con mentes realmente brillantes, que echa a perder su discurso con la rabia, comprensible y justificada, pero improcedente.
Creo que no hay que intentar convencer usando la propia vehemencia, sino exponiendo con la máxima claridad posible. Si no sólo se consiguen zombies estúpidos que repiten nuestros panfletos en lugar de los del contrario.
Eso, como ya deberíamos saber, no nos lleva a ninguna parte.
Durante mucho tiempo los periódicos de izquierda han cometido un terrible error.
Han intentado dar validez a su propio discurso de verdad, en ocasiones con un tono, por desgracia, tan demagógico y panfletario como el que pueda usar cualquier publicación neoconservadora. Pese a ser más exactos han utilizado las mismas omisiones y las mismas verdades parciales que sus opuestos, aunque utilizando figuras retóricas distintas contenidas en su propia mitología de liberación. Eso nos lleva a dos ideas compitiendo por la hegemonía absoluta.
Sería necesario luchar contra este tipo de intento de hegemonía, venga del lado que venga, y generar un tipo de mirada que posea, diseminado en sí misma, el antídoto contra los enfoques más perniciosos que se estén intentando establecer sobre el objeto a tratar.
No se trata de atacar cualquier mirada que consideremos engañosa, sino de asimilarla, comprenderla, y hacer visible en qué juegos de significados se apoya, qué verdades establece y cómo las establece.
La metodología para esto puede ser compleja, pero creo que pensándolo mucho se podría dar con algo parecido a unas directrices a la hora de afrontar las informaciones a cubrir.
Por poner un ejemplo práctico digamos que tenemos que informar sobre un tema concreto.
Observando el enfoque que se da al tema desde los distintos medios podemos detectar que tipo de Idea/Virus se está tratando de asociar a éste. Después tenemos que preguntarnos qué están dejando fuera, es decir, qué no están contando.
El siguiente paso sería analizar con cuidado la implicación negativa asociada a la noticia, la Idea/Virus en sí, la deconstruimos, entendemos su lógica interna, sus bases, los fundamentos correctos en los que se apoya, los erróneos también, qué realidades incompletas contiene, por qué la parte omitida ha sido omitida, qué tergiversaciones contiene y qué se consigue con ellas.
Resumiendo: Por qué funciona esa Idea/Virus y cómo lo hace.
Ahora viene el paso que difiere de lo que tradicionalmente se viene haciendo.
En lugar de generar un discurso contrario, un opuesto, se genera un discurso que haga visibles los engranajes del que estamos analizando. Se trata de conseguir que "se vea el truco" de la versión dada, cómo se le hace funcionar, no de dar otra versión distinta que también tendría sus propios trucos y sería igual de ilusoria.
Una vez controlado todo esto tendríamos la Idea/Antidoto, pero está claro que no podemos incluir una exposición minuciosa sobre las miradas falsas que se construyen acerca del tema que tratamos en cada artículo y además la noticia en sí, sería demasiado extenso.
Así que tendríamos que sintetizar la base de esta Idea/Antídoto y rompernos los cuernos para conseguir que esté presente en el texto, como subtrama, enredada en la noticia.
Sé que suena complicado, pero creo que con un par de cortes certeros se puede hacer caer casi cualquier cosa. Es mejor que ir corriendo como un toro salvaje, espada en mano. Conversando con un amigo llamé a esto "la economía de movimiento del Samurai" y, a decir verdad, pienso mucho en ello últimamente. Mucho.
Como apuntaba Robert Fisk, la mayoría de periódicos deberían llamarse "fuentes oficiales aseguran", y este es un error en el que creo que es obvio no deberíamos de caer. Cómo conseguir otro tipo de fuente y seguir teniendo validez ante la opinión pública es otro de los puntos a cubrir. Quizá, después de todo, nos toque construir otro tipo de validez.
En fin, es más sencillo pensarlo que explicarlo pero imagino que algunos sabréis por dónde voy, los que no, en fin, siento que os hayáis aburrido. Ya pasó, ya pasó

Comments
Para nada aburrido... en un momento dado me ha surgido el concepto castanadense de "realidad de consenso" y cómo a pesar de los amplios consensos culturales a través de los cuales una sociedad lidia con la realidad, las ideologías conforman subniveles de realidad dentro de un grupo cultural... y además están las idiosincrasias, cosmovisiones, creencias y demás elementos que colaboran en la conformación de un discurso que omite el truco e incluso el hecho de que hay truco en tal discurso... bueno, no sé si me explico.
Saludos
Posted by: Gabi | 4 de Mayo 2006 a las 02:04 PM
Menos Noam Chomsky y más:
Kapuscinski.
Enzensberger.
Wallraff.
Herr.
González Rodríguez.
...etc.
No se trata tanto de analizar el discurso periodístico (dios, que tedio), sino de la manera con la que un periodista debe enfrentarse a la realidad y tratar de transmitirla.
Objetividad? Espero que no. A mí me basta la honestidad.
Arriba hay sólo 5 ejemplos.
Posted by: SR.Keuner | 5 de Mayo 2006 a las 12:15 AM
Totalmente de acuerdo.
La idea era hablar de eso, de la honestidad a la hora de enfrentarse a la realidad, a la hora de retratarla para informar, es por ello que insistí en que hay que desmontar la mirada, por los trucos que contiene y por cómo estos alejan el discurso del objeto que trata.
Agradezco muchísimo tu lista, Kapuscinski es uno de mis hombres santos, ya me entiendes, y aunque te doy toda la razón, creo que no hay que desdeñar un análisis cuidadoso del paradigma que se intenta establecer desde los medios, y tener en cuenta no sólo a gente como la de la lista que propones, grandes por mérito propio, o a gente como Chomsky, sino también a pensadores y semiólogos como Foucault, Deleuze, Barthes, y un largo etcétera, cuya tarea, para aquellos que estamos interesados en la relación que existe entre los discursos de verdad y los hechos, resulta enorme y valiosa.
Gracias por todo y un saludo.
Posted by: Tony | 5 de Mayo 2006 a las 01:19 AM