Tocar Fuera
Una de las cosas que más me gusta de tocar fuera de mi ciudad es comer en sitios distintos.
No por la comida, sino por poder observarlo todo mientras como.
Las inflexiones de la voz varían según el lugar, los ruidos de bar no son iguales en todas partes; cada sitio tiene su propio ritmo. A mí me gusta encontrarlo y bailar con él.
Cada uno tiene sus hobbies.
Dejar las manos bajo el grifo del baño, en la habitación del hostal, y sorprenderte de lo fría que puede estar el agua en Agosto, si estás en Cuenca.
Mirar hacia arriba y ver un jodido montón de estrellas, de las que hace tiempo que no ves porque en tu puta ciudad la contaminación lumínica lo tapa todo y sólo te deja ver unas cuantas. Pararse en medio de una procesión de gente que va del concierto a la discoteca local, mirar al cielo intentando no caerte, porque el whisky y tú os habéis reencontrado tras una larga ausencia, y decir:
Me cago en la puta, si todavía estáis ahí arriba.
Ver caras que no conoces mientras cantas canciones que has escrito tú. Pequeños trozos de ti. Dar lo más íntimo a completos desconocidos, por el simple placer de hacerlo.
Disfrutar de la sonrisa de tu gente en un contexto totalmente distinto.
Sorprenderte de que alguien deje lo que está haciendo y se ponga a aplaudirte en una prueba de sonido.
Sentir una brisa que no es la misma que te acompaña siempre y flirtear con ella.
Juntar dos camas y dormir cruzado en horizontal con tus músicos, haciendo bromas sobre escapes nocturnos de gas intestinal, posibles palizas de represalia y empalamientos vengativos utilizando un mástil de bajo sin lubricar.
Levantarse y reírse por no saber si eso que te estás tomando es el desayuno, el almuerzo o la comida.
Observar una legión de chicas vestidas para matar y ver como alguno de tus músicos contiene el aliento, mientras tú te ríes porque sabes qué clase de burrada está pensando. Porque reconoces todas y cada una de las actitudes que ves a tu alrededor y descubres que siguen sin interesarte las máscaras.
Fijarte en una chica bonita que lleva escrita en la mirada más vida de la que le cabe en el cuerpo, observar a su hija cogerle las manos, en un lugar donde se supone que no debería estar, a unas horas en las que no debería andar despierta según una amplia mayoría. Dejar de mirar a su hija y mirarla a ella otra vez, descubrirle mirándote, esbozar una pequeña sonrisa mutua de reconocimiento, echar un vistazo al hombre que no te gusta en absoluto, seguramente el padre de la niña, y seguir bailando, disfrutando de existir durante algunos momentos en un lugar que no tiene nada que ver contigo.
Llegar al hostal de madrugada, borracho y muerto de hambre, con la cocina ya cerrada y conseguir un bocadillo de jamón y queso como tu antebrazo, sabiendo, después de habértelo comido, que te vas a acordar siempre de lo bueno que estaba.
Hablar de Buda y sus discursos con tu guitarrista mientras tu bajista se ducha y enumera las cualidades positivas de esa habitación y su cuarto de baño. Tu bajista, ese gran personaje que estás aprendiendo a querer por momentos como este.
Perderse por carreteras locales y bromear sobre pueblos fantasma, asesinos en serie y películas de serie B donde los viajeros perdidos terminan corriendo delante de un tipo con motosierra.
Observar cómo te observa la gente de los lugares por los que vas pasando.
Observarte observarlos.
Este soy yo, aquí, sentado, atrapando este momento, usando los cinco sentidos con toda la intensidad que puedo. Sin poder evitar que todo esto termine convertido en un simple recuerdo.
Me gusta salir a tocar fuera de mi ciudad, ver gente distinta, escucharles hablar antes de hablarles. Vivirlos como la cosa única e irrepetible que son.
Cada uno tiene sus hobbies.
Este es uno de los míos.

Comments
"más vida de la que le cabe en el cuerpo"
no acabo de entender pero...
me encanta.
Posted by: Javi | 19 de Febrero 2007 a las 01:28 AM