« Sexo duro y sincero | Main | Los Diez Mandamientos [Cacophony Society Valencia] »

Nómada

Ella apoya las dos manos sobre su mesa y él levanta la vista para mirarla.

Sonríe con cara de ir a decir algo divertido, ladeando un poco la cabeza, una ceja levantada.
Entreabre los labios un momento y los deja así antes de hablar.
Siempre es guapa, pero en ese momento es también bonita.

Como si estuviese a punto de confesar alguna trastada de la que se siente orgullosa.
Picardía de patio de colegio.

Si me dices en qué estás pensando te invito a la siguiente copa. Lo dice balanceando la cabeza; como cuando estás pensando qué precio ponerle a algo.

El segundo mejor tipo de camarera que puedes encontrar, piensa, es ese que invita a copas.

Escitas, dice él. Pensaba en eso.

Ella deja escapar un poco de aire por la nariz mientras sacude la cabeza. Levanta las cejas y dibuja una risa muda durante unos segundos, luego se dobla un poco hacia atrás y le observa frunciendo el ceño, brazos en jarras. Todos sus gestos tienen un algo de broma infantil. A él le gusta que haga eso. Ella lo sabe.

Vaya, dice, eso es ser directo, Señor Mepasolatardeaquíescribiendoybebiendo. Esperaba unos cuántos días más de preámbulos, quizá alguna insinuación para ir al cine, pero no una confesión tan directa. Menos mal que no me he puesto minifalda. Vaya con la testosterona.

Ella es sarcástica hasta la médula.
Él también.
Por eso viene aquí a escribir. Por la compañía.

No, no, dice él riéndose mientras levanta las manos, he dicho escitas, no excitas; pensaba en los escitas, no en que tú seas o no excitante. Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Ella pega un vistazo al local.
En estos momentos es el único cliente, así que retira un taburete y se sienta frente a él.
Bueno, pues cuéntame eso lo de los escitas.

Verás, dice él, los escitas eran unos tipos que durante casi treinta años dominaron lo que ahora llamamos Asia.
Ella parpadea dos veces y encoge los labios. Después apoya sus codos en la mesa y clava su mirada en él.

Intenta no pensar en lo guapa que está así.

Bueno, lo gracioso de esos tipos, lo que los hacía tan difíciles de combatir era que, simplemente, no estaban en ningún sitio.

Ella pone la misma cara que pondría si le contase que anoche vio una nave espacial con dos avestruces pilotándola. O algo igual de inverosímil.

Quiero decir, los tipos existían, claro, pero no tenían una base fija. Iban a caballo antes de que se pusiera de moda. Ni siquiera se molestaban en ir dejando destacamentos en las tierras que iban conquistando. Simplemente sabías que estaban ahí y que en cualquier momento, pumba, los tenías encima.

Eso pasa con algunos clientes también, dice ella. Menos mal que tengo el sifón para defenderme.

Los dos se ríen.

El caso es que en aquella época casi todo el mundo estaba ya en algún sitio fijo, sigue él, y aquellos tipos eran nómadas, y contra lo que pueda parecer, aquello les daba una ventaja increíble.
Incluso algunos enemigos que podrían haberles derrotado evitaban el combate con ellos.

¿Por qué?, pregunta ella.

Bueno, dice, supongo que preferían atacar enemigos asentados, ya sabes, que tuviesen territorios e infraestructuras contra las que poder cargar. Es complicado luchar contra un enemigo que no está en ninguna parte, de hecho los escitas, pese a ser virtualmente dueños de toda esa zona, pasaban bastante del tema. Se dedicaban a moverse libremente, se aprovechaban de los recursos del lugar donde estuvieran en ese momento y luego se movían a otro sitio. Era complicado combatirles porque, si lo piensas bien, la mayoría de guerras se centraban en arrebatar o destruir las posesiones al enemigo, y esta gente lo tenía montado de una forma distinta, por no decir que no lo tenía montado, así que la guerra convencional era difícil contra ellos. Dejando de lado que eran más brutos que hechos de encargo, claro. Además, si querías zurrarte con ellos tenías que esperar a que te encontrasen, lo cual te hacía estar a la defensiva. Ellos siempre estaban a la ofensiva porque no tenían nada que defender salvo su pellejo. Hasta que no atacaban no sabías nada de la naturaleza de su ataque ni de sus objetivos y, si se lo veían muy mal, podían pasar por delante y tú no te dabas ni cuenta. Eso, aunque hoy nos cueste concebirlo, parecía darles una ventaja bastante grande.

Sí que suena raro, sí.

Si te fijas bien, en esencia, la cosa se basa en que no se les podía hacer daño estructural o económico porque no estaban constituidos en ese sentido.

¿Y qué hacías pensando en eso?, eres la hostia de raro. Quiero decir, que eres muy majo, y molas y todo eso, pero eres muy raro.

Pues la verdad es que no sé si decirte por qué estaba pensando en eso, no sea que me veas más raro todavía y no me quieras dar de beber. Tengo sed, ¿Sabes?

Y se coge el cuello con las dos manos sacando la lengua, como si se ahogase.
Ella se ríe arrugando la nariz y le golpea en el hombro llamándole idiota.

En serio, me pica la curiosidad, ¿por qué pensabas en eso?

Bueno, estaba pensando en eso porque me gusta la Historia, es decir, no me gustan las fechas y la cronología y todo el rollo, pero sí me gusta la Historia como almacén de ejemplos. Creo mucho en la memoria. Siempre digo que no tener memoria es lo que permite que te la claven varias veces por el mismo sitio. Esta táctica de los escitas, su esencia, el rollo descentralizado, se ha utilizado en resistencias, ¿sabes?, para defenderse, para causas justas, pero también se ha utilizado para atacar, para oprimir, para dispersar el poder e impedir que sea atacado en ningún punto estable.

Ella ladea la cabeza y encoge un poco los ojos. Sonríe de medio lado.

Pasa mucho en la Historia, sigue él, alguien establece algún tipo de táctica y luego el poder la convierte en estrategia. Termina sirviendo para lo contrario. Son cosas que se pueden usar en un sentido u otro, supongo que no hay casi nada bueno o malo, es una cuestión de uso. Estaba pensando en las herramientas que tenemos, eso es todo.

Ella le mira un momento. No hay gesto infantil. No está sonriendo. No está siendo más guapa de lo que es como suele hacer casi todo el tiempo. Tan sólo le está observando, en silencio.
Él se siente un poco extraño bajo su mirada. No sabe si le gusta sentirse así.

Hoy, dice ella, saldré a las diez. Tráete alguna peli, cenamos en casa y me cuentas más cosas de esas. Si se nos hace muy tarde te quedas a dormir, pero mañana me acompañas al banco temprano, así no me aburro ¿Te parece?

Vale.

Sonríe, se levanta y camina hacia la barra.
Se queda mirándola mientras le pone la copa.
Le cae bien.

El mejor tipo de camarera que puedes encontrar, piensa, es ese que te invita a su casa a cenar, a ver pelis, charlar y quedarte a dormir.

Así que esta noche toca ser nómada, piensa.
Como los jodidos escitas.

TrackBack

TrackBack URL for this entry:
http://www.tormentasenlamente.org/mt/mt-tb.cgi/86

Comments

(Como ya dije anteriormente por mail...)

Plasplasplasplasplas!
El colectivo de camareras te acaba de hacer un monumento!
Genial, as usual.
Un beso

Ummmh interesante, tanto los tipos esos que parecían unos amos, como tus tácticas para ligar ;P,

Me recuerdan al ejército makhnovista de Ucrania, que no conozco mucho (cero en historia :p) pero veo algún paralelismo.

Y qué opinas de los cínicos, Diógenes & company, esos sí que eran los putos amos...!!

Los cínicos siempre me han parecido una de las cosas más grandes que dieron aquellos tipejos con túnica a los que, en mi opinión, aún no hemos superado.

Si lo piensas bien venimos de los romanos que no son más que una versión "comercial" de los Griegos, por entendernos en plan rápido y no caer en crueldades innecesarias. El caso es que dentro de esos grandes tipos que fueron los griegos los cínicos se llevan la palma.

Es una lástima ver como el término se ha devaluado, llegando a adquirir connotaciones negativas e incluso peyorativas en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Tanto la escuela cínica como la escuela estoica han llamado mi atención desde que tuve conocimiento de ellas. No obstante prefiero a los cínicos por su inmensa capacidad para la sátira y, sobretodo, su sentido crítico, feroz y sin concesiones.

Diógenes era, sin duda, un personaje de cuidado, y aquello de meneársela en público mientras los demás se daban ínfulas de sabios me parece un gesto subversivo de los que hacen historia.

Así como su respuesta al ser reprendido por ello:

"Ojalá pudiese calmar el hambre tan solo frotándome la tripa."

Inmenso, el tio Diógenes.

genial

Vaya buen cuento. Es raro encontrar escritores tan buenos en el mundillo de los blogs. Felicidades, Tonyjazz.

Post a comment

(If you haven't left a comment here before, you may need to be approved by the site owner before your comment will appear. Until then, it won't appear on the entry. Thanks for waiting.)