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Y los quería todos, el muy mamón

Y los quería todos, el muy mamón.

Si bien la capacidad de asombro puede considerarse casi infinita, en el ser humano, la capacidad de asombrar no se queda muy atrás.
Sobre todo en los más pequeños.

Uno recuerda sus mañanas de Sábado, en la infancia.

Me levantaba para ver aquel programa donde unos duendes ( electrónicos, eso sí ) te contaban cosas y entre sketch y sketch te echabas unas risas.
También había un tal Kiko Veneno por ahí cantándote lo horrible que era tener que mirar el horóscopo en el kiosko de al lado.
Todo por culpa de un electroduende malvado.

Tralarí.

Las tardes, entre semana, también tenían su cosa.

Un puercoespín, con la mirada fija, que andaba siempre desnudo por ahí viviendo aventuras en su barrio, con su casita verde y todo.

Aquel entrañable Super Coco, con la Jaca Paca; un vampiro obsesionado con la contabilidad, Epi y Blas ( quizá una de las primeras parejas de hecho que conocimos en
nuestra más temprana edad ), los Fraguel - estos eran los domingos, si no recuerdo mal - la Cometa Blanca, el Kiosko, 3-2-1 contacto, el Comando G, Belfy y su colega, la
Pequeña Memole, David el Gnomo, los Mosqueperros, La vuelta al mundo de Willy Fogg y un largo etc.

Sin ir más lejos; los payasos de la tele.

Aquello sí que era GENIAL.

"¿¡¡¡Cómo están ustedeeees!!!?"

"¡¡¡Jugando a la Playstation!!!" le contestarían ahora a esos pobres tipos que sólo trataban de arrancarnos una sonrisa.

O dos.

El caso es que los niños antes, fíjese, teníamos nuestra propia cultura.

Incluso teníamos música hecha para nosotros y, en ocasiones, por chavales de nuestra edad.

Está claro que luego uno se hizo mayor y descubrió que la mayoría de sus ídolos y educadores eran trozos de trapo con manos metidas en el culo, dándoles vida.
Pero no me negarán que la cosa tenía su encanto.

Uno recuerda a Enrique y Ana ( cómo degeneran las cosas, ahora que lo pienso ), Parchís y a todos aquellos semilactantes cantando pueriles cancioncitas que conformaron la
banda sonora de los primeros años de nuestra vida y se le dibuja una estupida sonrisilla en la cara.

Pero claro, las cosas cambian.

Ahora los niños que cantan ( que graban discos sería mas correcto, por que lo que es cantar, no cantan mucho ) hacen Bakalao, punchi punchi.
O Dance, que suena más bonito.

En esas estamos:

Con Desi, de nueve añitos, escuchando a las Spice Girls, como su hermanita de diecisiete, cantando por la calle "If you wanna be my lover", con sus
zapatillas de deporte, su pantalón de chándal rojo con rayitas blancas, su abrigo de vestir bien ( por aquello del contraste ) y con más hierros en la cabeza que en un desguace.

Con su tanga, que no falte.

Vicentín organizando orgías de destrucción masiva en su casa, con sus amiguitos de catequesis, jugando al Counter Strike, al Quake y a la madre que los trajo.
A ver quien hace el tiro más limpio, quien apuñala por la espalda a quien con más sigilo y quien saca más puntos, eso sí, con mucha deportividad.

Cuando uno ve a los Teletubbies, que son como una especie de versión lobotomizada de los Osos Amorosos, sólo puede desear tener un bazooka en las manos y a unos cuantos tipos
de esos que programan la parrilla televisiva delante.

Lo mejor son esos niños de trece años que se acercan a tí balanceando sus hombros, con su gorra del revés ( con el cerebro en off ) y te sueltan lo de :

"Tío, ¿ llevas papel ?" así, con voz de malote.
Me encanta, la verdad.

Me gusta la "cultura" que tienen los chavales de hoy.
Adoro que no exista diferencia entre los programas y la música que consume una chica de veinte años y su hermana de once.
Estoy que no quepo en mí mismo ante la visión de esos ciudadanos que mañana, dicen, serán el futuro.

Porque no me dirán que no tiene su cosa encontrarse con un niño y su papá en la tienda, comprando cromos y figuritas del pollo marciano ese, el Pikachu.
Observar al tierno infante exigiendo, con la energía que sólo los más pequeños pueden desarrollar, que su progenitor se los compre todos.
"Hazte con todos!!" repite el niño entusiasmado.
Como un mantra que mata todo lo que hay de niño en él y lo sustituye por un afán de acumular pokemones.

Tócate los cojones.

Y los quería todos, el muy mamón.


Music: Ain't No Sunshine - Dave Sanborn.

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