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Los que sienten lo mismo que vosotros

El niño, en su silla de ruedas, lloraba por no saber tocar la flauta.

Algunas niñas, incluso esas que procuraban andar cerca de él, se tapaban la cara con el libro para no mostrar abiertamente su risa y, a su vez, marcar con este gesto que se
estaban riendo.

Una vez imitado por una de ellas, varias clases después y sin su presencia, el llanto semejaba más el chillido de un cerdo en el matadero que la frustración y vergüenza de un niño.

Fue esa broma cruel la que originó la reflexión que el profesor les hizo.

- Vosotros, ¿lloráis? - preguntó

Los pequeños asintieron, otros bromearon con ello, pero en la mayoría la respuesta fue positiva.

- ¿Por qué? - preguntó una vez más.

Diferentes motivos saltaron al aire en desorden, como una bandada de palomas asustadas, en revuelo.

- ¿ Cómo os sentís al llorar ? - seguía indagando.

Las pequeñas, más pícaras y perspicaces, argumentaban que después de llorar se sentían muy bien.

Les dijo, el profesor, que evitaban llorar en público. ¿ Verdad ?- inquirió-.

La respuesta fue, de nuevo, un sí y el motivo la vergüenza.

- ¿ Cómo se sentiría entonces Pablo al llorar frente a vosotros ? Al no poder contener la vergüenza, los nervios, el miedo al ridículo que le producía no poder, en ese
momento, tocar la flauta. Ese sentimiento creciendo con las primeras lágrimas, a vista de todos vosotros. Viendo entre la neblina y el incómodo calor de sus párpados como
os tapábais la cara con libros.

- En ese momento fue gracioso - contestó una de ellas.

-Sí- prosiguió el profesor -. Pero ahora, sin él delante, estáis convirtiendo la anécdota y su modo de llorar en una broma privada; a su costa.

Dime tú, pequeña -se dirigió a la joven- qué harías si supieras que las risas calladas y los codazos cómplices van por tí y no por otro.
Quizá él prefiera que, como compañeros, olvidéis que un día desde su silla de ruedas, la vergüenza y los nervios le pudieron y, delante de vosotros, lloró.

Y lo que el profesor no dijo fue que lo malo de ese gesto estaba en la invitación al hermetismo, a no mostrarse como uno es, inseguro a veces.
Con lágrimas en los ojos.
Porque bien sea por un motivo serio o por algo carente de importancia, en ocasiones lo más bonito e íntimo que podemos compartir con el otro es una lágrima.

-No os burléis- añadió - de los que sienten lo mismo que vosotros sin esconderlo a los demás.

Music: What a Wonderful World - Louis Armstrong.

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