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25 de Noviembre 2003

Un Amanecer ( a ti, que nunca pudiste leerme )

-¿Voy a ser siempre más fuerte que los otros niños?
El guerrero miró con tristeza al pequeño que observaba el horizonte con sus ojos húmedos.
-Sí �??le contestó.
El sol se estaba poniendo, los tonos anaranjados pintaban con un tono irreal las briznas de hierba a sus pies, los pliegues y hendiduras del tronco donde el niño estaba sentado parecían algo de otro mundo.
La luz hace que estas cosas ocurran, pensó.
-¿Por qué?- dijo el pequeño, girándose hacia él.
-Así han de ser las cosas, el tapiz está tejido y nosotros caminamos los hilos.
-No sé si quiero ser tú.
-No puedes cambiar eso.
-Todo me duele mucho, siempre me duele.
-Es mi camino, tus pasos hacen lo míos.
-¿Habrá descansos?
-A veces.
-¿Por qué no caigo?
-Porque no puedes.
-¿Y si quisiera? ¿Y si decidiese hundirme en todas las pérdidas, en toda la tristeza, en todas las cosas malas que ya he sentido en mi corazón?
-No puedes.
-¿Por qué?
-Porque yo no puedo.
-No tengo padre, ni madre, ni un amor en el que olvidarme de todo ¿Qué sentido tiene?
-Es mi camino, siento que tú hayas de andarlo.
-Ni siquiera hablo como un niño; nunca he hablado como un niño.
-Nunca lo has sido, te pido perdón por eso también.
-¿Para qué sirve todo esto?
-Has de existir, siempre ha sido así. Equilibrio.
-¿A ti te duele?
-Cada segundo, cada vez que respiro. Mi fuerza y mi debilidad es no poder ser derrotado por la pena que me consume.
El niño miró al guerrero y acarició su mano.
Con el último rayo de sol ambos miraron hacia el horizonte.
El niño habló.
-¿Crees que estará en paz?
-Sí, el amor y el perdón hicieron su trabajo esta vez. Estaba limpia en su pequeño lecho.
-¿Volverá?
-Siempre volvemos pequeño, siempre. Algunos siempre estamos.
-¿Como tú?
-Sí, como tú.
-¿Te gusta luchar?
-No
-¿Por qué luchas? ¿Por qué sigues? ¿Por qué aguantas?
-Porque no puedo hacer otra cosa.
El niño miró al guerrero, sus ojos azules parecían cansados. Como los míos, pensó.
-Yo te cuidaré- dijo el pequeño abrazándolo.
-Lo sé.
El Sol se había ido y quedaron en la oscuridad, abrazados, el niño y el guerrero; como una sola cosa. Bajo las mismas lágrimas.

12 de Noviembre 2003

La conversación

-Sé que te despertarías feliz todas y cada una de las mañanas que estuvieses conmigo; puedo poner la mano en el fuego y no quemarme.

Lo dijo con seguridad, sonriendo y mirando sus ojos azules. Ella se sonrojó.

-Me pones nerviosa -rió y sacó un cigarro-, estoy fumando como un carretero, por Dios. Que sepas que nadie me pone tan nerviosa normalmente �??Le sonrió mientras encendía su pitillo y él pensó que era realmente bonita.
-Yo tampoco hago este tipo de cosas normalmente, decirle a una desconocida que quiero despertarme a su lado, hacerla feliz, comer con ella, pasear por la ciudad -encogió los hombros- pero bueno, supongo que esta situación tampoco es muy normal y lo común no se le puede aplicar. Quizá, después de todo, lo del amor a primera vista existe.
-¿Sabes? El primer día que te vi me llamaste mucho la atención �??dio una calada entrecerrando los ojos, exhaló el humo echando la boca a un lado ligeramente, sin dejar de mirarle y siguió hablando- creo que fue la ropa, tienes un modo muy particular de vestir.
-No sé, no me preocupan esas cosas; cojo lo primero que veo y me lo pongo.
-A eso me refiero, se te ve despreocupado, no sé, me resultó curioso.
-Ya, creo que sé lo que dices; mi agente lo odia.
-Y bueno, ¿por qué volviste al día siguiente?
-Hum�?� �??se recostó un poco hacia atrás �??no sé, cuándo me vendiste aquella camisa todo parecía muy normal, muy familiar, no sé si me entiendes; no era la típica simpatía estudiada de algunas dependientas.
-Ajá
-Era como si ya te conociese de algo �??se inclinó hacia delante�??, además mostraste mucho interés por mis cosas, no sé, eso me gustó. Me sentí bien.
-Ya, yo lo pensé después; te pregunté un montón de cosas �??rió tapándose la cara con las dos manos.
-Sí, ya te digo que eso me gustó mucho; eso y tú, claro.
-Es curioso, antes de que dijeses que eras escritor ya lo había supuesto, tienes pinta de algo así, no sé, un poco bohemio.
-¿De verdad?
-Sí, bueno no; no sé. No sé si es la pinta exactamente o una especie de vibración, Dios, debes pensar que estoy un poco chiflada.
-Sí, una chiflada realmente preciosa �??le guiñó el ojo y bebió.
-¿Cuándo presentan tu libro?
-Ah, el mes que viene, a mediados, el diecisiete creo.
-Qué bien

Se quedaron callados un momento, ella fumaba sin dejar de mirarlo. �?l desvió un instante la mirada hacia su bebida, como si buscase algo en su interior. Volvió a mirarla; cuanto más la miraba más bonita le parecía.

-Es raro, yo tampoco suelo hacer este tipo de cosas �??dijo ella.
-Es lógico, tienes un hijo de tres años y vives con su padre �??dijo irónicamente
-Qué cabrón eres �??dejó escapar una risita por su nariz-, recuerdo cuando viniste el segundo día, te pusiste frente a mí, me diste tu teléfono y te negaste a coger el mío.
-Ya, es que si te llamaba yo no sabría si estabas siendo amable, si me llamabas tú es porque tenías interés �??le sacó la lengua y se rió.
-Bueno, es una curiosa teoría �??dijo riendo también.
-A mí me hizo gracia cuando te dije lo de cenar algún día. Me miraste con esa mirada inquisitiva que pones a veces, doblaste un poco la cabeza mientras entrecerrabas los ojos y me dijiste: �??¿Y si te digo que tengo un hijo?�?�
-Es verdad, me acuerdo de eso, te estaba poniendo a prueba; tú contestaste: �??Pues compramos la comida, la llevamos a tu casa y cenamos con él, donde comen dos comen tres�?�, casi ni parpadeaste para decirlo.
-Sí, me salió sólo �??hizo un ademán en el aire, muy teatral, y volvió a mirarla un poco más serio �??entonces fue cuando me dijiste que vivías con tu chico.
-Sí, creo que en gran medida empecé a quedar contigo por tu respuesta.
-Vaya, no recuerdo bien qué dije, tendrás que hacerme memoria para que lo apunte y pueda usarlo en otra ocasión -le sonrió de nuevo.
-Dijiste: �??Bueno, si tener pareja te impide conocer a una persona más y disfrutar de su compañía lo entenderé, pero que sepas que será una lástima, estas cosas no pasan todos los días, y menos a mí.�?�
-¿Yo dije todo eso? La leche, hay que ver cómo está el mundo ¿eh?

Los dos se rieron y siguieron hablando un rato más, a su alrededor la gente seguía con su vida, su bebida y su charla.
Desde fuera no había nada que los diferenciase del resto.

-Yo antes estaba muy bien; físicamente quiero decir.
-No digas bobadas, eres tan bonita que duele mirarte �??entrecerró los ojos como si el sol lo cegase.
-No, en serio, desde que tuve al niño he perdido forma, antes estaba mejor.
-Creo que me alegro, no sé si podría soportar que fueses más preciosa de lo que ya eres.
-Soy muy tímida, aquí donde me ves me avergüenzo un poco de mi físico.
-Bueno, algún fallo tenías que tener; estás ciega y no eres capaz de ver que la mitad de chicas ahí fuera matarían por ser como tú, pero no pasa nada; podré vivir con ello -sonrió, levantó su copa y dio un trago corto.
-El caso es que estos días he pensado en ti
-Vaya, eso me interesa, ¿Qué has pensado?
-Bueno�?�
-Vamos, vamos, me tienes en ascuas �??se zarandeó un poco de lado a lado.
-Pensé que, pese a mis complejos, no me importaría desnudarme delante de ti; sé que me sentiría cómoda.
-Joder
-Te has puesto rojo
-Dame unos segundos para reaccionar
-Concedidos

�?l miró un instante a través del cristal. La gente iba y venía con sus bolsas. Volvió a hablar.

-Me has pillado totalmente desprevenido
-Ya era hora ¿No?
-No sé qué decir, no era lo que esperaba; yo he estado pensando en ti bastante, pero eran cosas más estúpidas como tenerte a mi lado mientras veo ponerse el sol, sonreírte mientras quemo la cena, escucharte merodear por la casa mientras escribo, dormirme oliendo tu pelo, despertarte dándote besitos en la cabeza, ese tipo de chorradas, ya sabes, debo de estar haciéndome viejo.
-No sé, a mí también me sorprendió pensar en ello, las cosas no van bien con el padre de mi hijo pero no quiero estar con nadie, quiero decir, no es mi intención engañarle, tener aventuras ni nada de eso.
-¿Estás enamorada?

Ella se puso seria y él la miró directamente a los ojos, tratando de adivinar la respuesta antes de que saliese por su boca.

-Lo quiero mucho, es el padre de mi hijo y�?�
-¿Estás enamorada?
-No- hizo una pausa -no estoy enamorada.
-Siempre lo llamas el padre de mi hijo, no sé, no pareces enamorada. Cuando estás conmigo se nota, no sé explicarlo, es el vacío ese. Hambre de amor lo llamo yo.
-Sí, supongo que se nota un poco.
-Pero no quieres engañarlo.
-No, no quiero engañarlo.
-Y piensas que te sentirías cómoda desnuda conmigo.
-Escucha, te conozco poco y me gustas, me gustas mucho más de lo que te imaginas. Pero me descubro a mí misma pensando en cómo sería el sexo contigo, en cómo tienes que besar, en cómo sabrá tu piel y me siento mal. No quiero engañarle. Es cierto que las cosas que me haces sentir son muy raras; contigo todo es muy raro. Pero sé que no quiero engañarle.
-Comprendo
-Mi hijo es muy importante para mí.
-Que tengas un hijo no me asusta lo más mínimo.
-Lo sé, por eso me asusta a mí.
-Bueno, así que los dos nos gustamos, tú estás en una relación que no funciona y tienes un hijo; a mí eso no me acobarda en absoluto, me va bastante bien escribiendo y puedo permitirme ciertas cosas, pero entiendo que a ti sí te asuste, a fin de cuentas el escritor pirado con el que no sabes como te irían las cosas soy yo y tú tienes que mirar no sólo por ti si no por la estabilidad de tu niño, quieres además de un compañero un padre para él. Yo me veo en el papel, pero es cierto que no sé cómo saldría, ahí tienes razón. Total, que así estoy; hablando sobre mi nuevo libro en una emisora local del sur y deseando terminar para poderte llamar, buscando un hueco para escribirte un mensaje y esperando los tuyos, llamándote siempre que puedo, haciendo malabarismos con la agenda y esquivando algunas citas con mi agente para poderte ver, sintiéndome el hombre más afortunado del mundo por poder tenerte delante. Dando gracias porque existas. A mí me gustas, no te engañes, me gustas muchísimo, es algo que roza lo ilógico; siempre he dicho que si puedes razonarlo no es amor. No lo puedo explicar y sé que, moralmente, se me podrían reprochar un montón de cosas con respecto a esto pero también sé que quiero estar contigo.
-Yo también, joder, y no debería.
-Pero lo haces, así están las cosas. La pregunta es ¿qué vas a hacer?
-No quiero estar contigo.
-No quieres querer estar conmigo sería más exacto ¿no crees?
-Sí, eso es lo que pasa, no quiero querer; no quiero que esto vaya a más. Todavía no me has puesto una mano encima y mira cómo estoy, por Dios, mira el jodido cenicero. Estoy atacada, no sé qué hacer, tengo los nervios rotos. No sé si es lo mejor, pero no quiero estar contigo.

Se quedó mirándola un momento, bajó la cabeza escondiendo un poco los labios. Frunció el ceño. Volvió a mirarla. Relajó el gesto y habló.

-Está bien, lo entiendo.
-Lo siento mucho, de verdad. Lo siento.
-¿Sabes? Nunca había tenido tantas ganas de besar a alguien sabiendo que jamás lo haría, es una sensación nueva. Me lo apunto en la sección de sentimientos curiosos. Supongo que, al final, la realidad se impone a los sueños.

Miró hacia la barra, apretó la mandíbula y apuró de un trago su copa. Ella habló de nuevo.

-Te pediría que�?�
-Lo sé, que no venga a verte, que no te llame más y que desaparezca de tu vida.

Ella agachó la cabeza.

-Lo siento, de verdad, lo siento. No quería hacerte daño.
-Tranquila, no pasa nada. Tú no has pedido esto.

Sacó el teléfono y borró su número, trataba de sonreír. Hacía todo lo que podía.

-Han sido unas conversaciones geniales, unos cuantos cafés deliciosos, unos mensajes bonitos, buenos ratos que, desde hoy, serán buenos recuerdos; no has engañado a tu pareja ni has arriesgado la estabilidad de tu hijo, no hay motivos para que te sientas mal; si hacemos caso al sentido común has hecho lo correcto.
-Lo sé, pero me siento mal. Tú no te mereces esto, eres tan�?�
-No importa, ya no importa, de verdad; no pienses más en ello.

Se levantó, pagó la cuenta y volvió donde ella estaba. Pudo ver sus ojos húmedos. La besó en la cara con toda la dulzura que pudo. �??No me verás más�?� dijo sonriendo. Una sonrisa para tapar la amargura, pensó; no quería hacerle daño. Ella no hablaba, sólo le miraba en silencio, con esos enormes ojos azules que casi no podían contener las lágrimas. Finalmente él le dejó una caricia en el pelo, se dio la vuelta y se marchó.
No miró atrás.

Fuera hacía un poco de frío. No le importó.
En ese momento hacía más frío en su corazón que en aquellas sucias calles que volvían a ser, como siempre, grises.