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Tecleó


Me cago en la leche.
Dejó la máquina y fue a la nevera.
La abrió, cogió el agua fresca que quedaba y la apuró de un trago.
Es el jodido calor, pensó, así no hay Dios que escriba.
Entonces el teléfono, puntual como la gente que no quieres ver, sonó.
Sí. Sí, soy yo. ¿Un artículo sobre qué? ¿Estás hablando en serio? ¿Pagan por eso? No, nada, ahora mismo nada, estaba refrescándome un poco, sí, sí, hace un calor horrible.
¿Para cuando dices que lo quieren? Mmm�?� no creo que haya problema. Vale, venga, sí, vale, te veo, chao.
Colgó.
Salió al balcón en busca de un poco de aire fresco.
El universo le falló de forma miserable; fuera no se podía casi respirar.
Me cago en ti, dijo mirando al cielo, en ti y en todo lo que has puesto sobre la tierra, jodido sádico. ¿Hace falta apretar así? Menudo calor de mierda.
Eructó hacia una nube y ésta, de alguna forma, pareció sonreír.
Pues vale.
Entró y se sentó de nuevo frente a la máquina.
Ya sé Dios, dijo mirando al vacío, que todo el mundo usa procesadores de texto. Pero fíjate, me gusta el takatá de este trasto. Me ayuda a pensar. El bicho ese, dijo mirando al ordenador, está bien para corregir y pasar a limpio. Pero para crear, para escribir de verdad, nada como esto.
Tecleó un par de líneas.
¿Sabes viejo? Tienes que aburrirte del copón; todo el mundo por ahí mirándose el ombligo, cagando, meando, follando y poniendo cara de ir a vivir para siempre.
Tecleó media línea.
Y los políticos, joder viejo, ESO sí que tiene que ser aburrido.
Aunque claro, igual ni los miras y los mandas directamente al infierno, con los curas y las monjas. Haces bien.
Se rió en voz alta, se pasó la lengua por las encías y tecleo dos líneas más.
Está feo que lo diga yo, continuó, pero creo que te equivocaste; deberías mandarnos a tomar por culo a todos. Así no tendríamos que aguantar el calor, ni los impuestos, ni la tele, ni la religión, ni la política, ni la estupidez en general, ya sabes; la propia y la ajena.
Estaría bien irse a tomar por el saco y no tener que ver como esto se hunde en la mierda mientras eliminamos todas las posibilidades de salvación.
Se mordió una uña y levantó una ceja.
Claro, claro, está el amor, los buenos sentimientos, la amistad, todo ese rollo de película de Meg Ryan.
¿Cuánto dura eso eh viejo cabrón? Tres años, ¿Seis? Y no me vengas con que hay personas que están juntas toda la vida. Hablo de amarse, no de vivir bajo el mismo techo, hablo de amigos, no de gente que ves todos los días desde hace años y que algún día supusieron algo importante para ti. Una hipoteca, hizo una pausa, eso sí que dura. Veinte años, o más.
La puta madre Viejo, el mundo está que se cae y no mueves ni un dedo.
Tecleó.
Eres la hostia. Además tus representantes por aquí abajo lo están haciendo del culo.
Si algo ha quedado claro en todos estos siglos es que, como pastores de almas, son la peste. Eso sí, haciendo hogueras y pudriendo cerebros, se las pintan.
Siguió escribiendo un rato más y se levantó.
¿Sabes lo que más me jode de todo?
Que sé que estás ahí esperando a que nos apañemos solitos, tranquilo, con todo el tiempo del mundo.
Seguro que, allí arriba, tienes aire acondicionado, vamos, como si lo viese.
Si estuvieses aquí abajo, teniendo que aguantar TODO esto y, además, con este calor, te entraría la vena revolucionaria. Seguro. Unas plaguitas, unas bolitas de fuego, unos cuantos primogénitos degollados y otra vez a empezar.
En fin.
Cogió el ventilador, lo puso al máximo, se tumbó en el sofá y se quedó dormido.

Dios, en los cielos, subió el volumen a sus Walkman.

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