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La Ola

Dicen que sus ojos no fueron siempre de ese color.

Las chicas escuchaban, atentas, sentadas alrededor de la hoguera. Sólo el crepitar de las llamas, el ruido del mar y la voz de Elena contando la historia.

Pasó hace algunos años, él es más mayor que nosotras, ya sabéis. Pasó cuando él tenía nuestra edad, más o menos. O eso dicen.

Asintieron en silencio, el cuerpo echado hacia delante, la luz de las llamas jugando en sus rostros de niñas mujeres. Esperando.

Había unos chicos con sus tablas, esperando las olas. La tele había dicho que venían olas grandes; peligrosas. Querían verlas y saber si se atreverían a montarlas, a intentarlo aunque fuese. Ya sabéis, todas esas cosas de chicos.

Risas ahogadas y miradas cómplices.

Vieron llegar la primera, a lo lejos. Era enorme. Parecía correr con furia hacia la costa.

Hizo una pausa, adelantando el cuerpo, dejó su boca entreabierta y levantó una ceja. Era como si lo que iba a decir estuviese dando vueltas en su boca antes de ser dicho.

Dicen que esa ola no era una ola normal, y yo también lo creo.

Ya estamos con los rollos de magia, dijo una de ellas.
Sabes que soy medio bruja, continuó Elena, y te digo que esa ola no era normal, y él tampoco.
Vale, vale, medio bruja, sigue contando la historia.

Bien, la ola venía y los chicos se miraron entre ellos. Decidieron que era mejor salir del agua. Dicen que uno de ellos apretó la mandíbula y se quedó mirándola, pero al final retrocedió despacio, como si correr fuese mala idea.

¿Entonces apareció él?, preguntó una de las niñas mujeres.

Sí, justo cuando se dieron la vuelta se lo encontraron de frente. Dicen que sus ojos eran color miel y que tan sólo les sonrió y siguió andando hacia la ola que venía.

¿No hicieron nada?

No, sólo salieron del agua y se quedaron en la orilla mirándole caminar hacia la ola.

Elena removió el fuego con un palo, como si no tuviese importancia. Levantó su nariz, mirando por encima de ésta a todas las niñas mujeres y siguió hablando.

Ni siquiera llevaba tabla.

¿Qué pasó?

Eso, dijeron a coro, ¿qué pasó?

La ola lo arrasó, chocó contra él. Dicen que el ruido fue infernal, se escuchó a esa ola romper desde todos los rincones de esta playa. Cuando todo pasó los chicos corrieron hacia la orilla y�?�

Removió de nuevo el fuego, esta vez pensativa, tratando de escudriñar algo entre las llamas.

¿Y qué? ¿Qué pasó?

Elena sonrió y siguió hablando, más despacio, dejando caer cada palabra.

Estaba de pie, en el mismo sitio donde la ola lo alcanzó. Los chicos se miraron confusos y antes de que pudiesen reaccionar él se giró y caminó hacia ellos.

No me lo creo, dijo una de ellas.

Cállate empollona, no lo estropees, contestó otra.

Cuando caminó hacia ellos, siguió Elena, se fijaron en sus ojos. Azules, ojos azules como el cielo que refleja el mar. Como aquella ola.

Sus ojos habían cambiado de color.

Las niñas mujeres guardaron silencio. El fuego y el mar parecían sonar más fuerte.

Si queréis que os diga lo que pienso, dijo Elena, os lo diré.

Pienso que esa ola era una vieja amiga, algo mágico, que le devolvió alguna cosa que él le había prestado. Pienso que él, de alguna forma que no puedo explicar, es más antiguo que su edad. Pienso que quizá también es brujo, o algo, como yo. Aunque lo que realmente pienso es que no es del todo humano, aunque parezca una persona.

Anda ya Elena, dijo una de ellas, tú estás flipada, siempre inventando tus historias. Lo que pasa es que te mola y te inventas todos esos rollos con el color de sus ojos y la magia para no tener que hablarle y decirle hola, cobarde sin novio.

Las niñas mujeres rieron.

Elena rió también.

Pensad lo que queráis, pero sé que alguna de vosotras ha hablado con él, cuando está sentado ahí, en sus rocas. Así que no me hace falta deciros que, obviamente no es como todo el mundo.

Ya, eso es verdad, tiene algo que inquieta y no acabas de saber si es bueno o malo, pero vamos, tampoco te pases, olas que cambian el color de los ojos. Te flipas mucho.

Rieron de nuevo.

Yo creo que es una metáfora, dijo una de ellas limpiando sus gafas con un pañuelo.

Creo que es una metáfora sobre la vida, creo que la ola es todo lo grande, lo malo, lo peligroso de estar vivo. Todo lo que es capaz de cambiarte. Creo que todo el mundo trata de montar esa parte de su vida, esquivarla, dominarla. Unos lo hacen y otros se hunden. Pero él se presentó ante la ola sin nada y la abrazó. Sus ojos cambiaron, porque su mirada cambió. Su forma de ver el mundo, las cosas, la vida. La ola le dio el poder que guardaba, una fuerza capaz de arrasar costas, de tocar vidas, y él le regaló parte de su humanidad, su mirada dulce y tierna. Color miel. Fue un intercambio.

Las niñas mujeres callaron.

Al rato estaban hablando de otras cosas y, sobre todo, pensaron en qué hacer mañana.

Tenían mucho tiempo por delante para llenar. Querían divertirse como sólo las niñas mujeres saben divertirse antes de crecer.

�?l las escuchaba desde su roca.

Sonrió y recordó sus propias hogueras, sus propios amigos y sus propias historias.

Y el amor de la Ola.

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