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19 de Diciembre 2004

La parte que jamás se rinde

Lo hice y fue fácil.
Tanto como quitarse los zapatos, los calcetines y ponerse a ello.
En medio de la ciudad, a las seis de la madrugada.
Cinco personas caminando, descalzas, en aquella noche más bien fría.
Recuperando lo que nunca se debía haber perdido; el contacto con uno mismo.
Esto es muy real, dice una de ellas.
Sonrío al escucharla.
Lo es. Más que cualquier cosa que puedas comprar.
Tus pies desnudos sobre el suelo que te sujeta.
Todo lo que no sabes que has perdido se recupera durante ese paseo de veinte minutos.
Pequeños gestos que dan sentido a ese algo indefinido dentro de ti.
La parte que jamás se rinde.
Tú.

12 de Diciembre 2004

La Pulsera en mi muñeca izquierda

Llevo una pulsera en la muñeca izquierda.

Esta es la historia de cómo y por qué la llevo.

Hace una semana la vi en el videoclub. Los fines de semana trabajo en uno, es mi recreo, mi Fiesta De La Desconexión Universal �?�, el trabajo mecánico que me permite poner mis cosas en orden y establecer prioridades.

Mi digestión semanal de vida.

Se acercó a mí y me sonrió de una forma infantil y sincera, una gran sonrisa saliendo del corazón.
La segunda vez que la vi pensé que quizá, a veces, su corazón se cansará de sonreír y recibir tan poco a cambio.

Hola, dijo, soy una chica rusa que está vendiendo cosas de Rusia.

Sus dos trenzas le daban un aire jovial, movía levemente la cabeza de un lado a otro mientras sujetaba la caja de cartón entre sus manos.

Entonces miró mis ojos.
Dentro de mis ojos.

¿Eres español?, me preguntó.
Miré dentro de sus ojos y le contesté que sí.

Me gusta mirar y ser mirado de esa forma porque no siempre se puede, no con todo el mundo.

Ladeó un poco la cabeza y frunció el ceño, sin perder la sonrisa.
¿Español, español?, insistió.
Sí, sonreí.

Se lo pensó durante unos instantes y afirmó:
Español raro.

Charlamos brevemente, me enseñó las cosas que llevaba y no le compré nada.

Hoy la volví a ver, entró en el bar donde suelo disfrutar de los periódicos que me cuentan cómo nos vamos volviendo locos, los unos y los otros.

Lo primero que escuché fue su voz.

Siempre estoy en un rincón, me gusta tener una perspectiva completa del sitio en que me encuentro. Los rincones la dan, no lo olvides.

Observé sus gestos, su sonrisa, cómo sacaba lo mejor de ella y lo regalaba a la persona que tenía delante.

Hola, soy una chica rusa que está vendiendo cosas de Rusia
La mirada limpia, azul.

Llegó a mi mesa y le saludé.
Hola de nuevo, ¿cómo te va desde la última vez?
Se sentó a mi lado y me miró, de nuevo, dentro de los ojos.
Te conozco, dijo sonriendo, tratando de recordar.
Español raro, dije yo.
Sí, afirmó dando una dosis extra de brillo a su sonrisa.

A su mirada, no son sus dientes, es su mirada; sonríe con ella.

Unos días más suerte, otros días menos, me contó.
Sentados así, cerca, pude ver todo lo que ocultaba su sonrisa; supe de las penas y de las decisiones difíciles escritas en las pequeñas, casi imperceptibles, arrugas de sus ojos.

Hay heridas que sólo los heridos reconocen en los demás.

Y le compré algo, y cuando se marchó nos despedimos con la mano, como si fuésemos amigos y le deseé sin palabras toda la suerte del mundo, para cada uno de sus días.

Y por eso llevo una pulsera en la muñeca izquierda.

3 de Diciembre 2004

¿De qué habla?

Algunas historias no empiezan en el principio.
Todo es un inmenso prólogo, hasta que pasa algo y, entonces, empieza de verdad.

Tienes muchas interpretaciones, muchos posibles mensajes, muchos temas que podrían ser el centro, elige cuál es el más importante para ti y descarta el resto.
Decide de qué habla tu vida.

Después, cuéntalo.

Tienes que saber de qué habla tu historia para poderla contar.
Qué dice cada una de las risas, cada una de las lágrimas, cada uno de los besos, cada una de las pérdidas. Cada una de las cosas que tuviste que pasar.

Si no tienes eso no tienes nada, y si no tienes nada no tienes historia.
Eso te convierte en personaje secundario, una nota a pie de página.

Coge pequeñas partes de tu vida y cuéntalas de otra forma, cámbialas y hazlas irreconocibles. No importa el disfraz que uses.
Importa que aprendas a reconocer la esencia.
Tu Historia.

Encuentra el argumento principal, observa al personaje y sus cambios, entiende cómo se desarrolla la trama, cómo le afecta, cómo es afectada por él y cuéntalo.
Se honesto.

Conócete y desnúdate sobre el papel.

¿De qué habla tu vida?

Mi vida habla de un niño que nunca lo fue y que aun así lo fue más que otros.
Habla de personas buenas y malas a partes iguales.
Habla de Amor, de cómo te cambia, de cómo te mata y de cómo te resucita.
Habla de aprender a escuchar lo que la gente no dice.
Habla de decisiones que cambian tu rumbo.
Habla de ti, de mí, y de todos los que se atreven a ser distintos.
Habla de luchar sabiendo que no puedes ganar.
Habla de aprender a perder lo que más quieres.
Habla de existir. De ser consciente de ello y convertirlo en el centro de todo.

Pregúntate y contesta:

¿De qué habla tu vida?