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1 de Marzo 2005

Boceto del principio de una cosa que tengo por ahí

"Arder vivo y asfixiarse son las dos peores muertes que se le ocurrirán a la mayoría de personas a las que preguntes sobre el tema.

Supongo que, aunque no lo sepan, se refieren a quemarse lentamente, ya sabes, un incendio, quedarse atrapado en un coche en llamas o, esta es mi favorita, quemarse en una hoguera.

Pregunta a la Santa Iglesia Católica; ellos saben de estas cosas.

Personalmente opino que lo más importante es el tiempo que permaneces vivo mientras ardes. No hablo de estar consciente. Una vez tu sinapsis se colapsa te desmayas; apagado de emergencia. Hablo de que puedes seguir viviendo un buen rato, inconsciente pero ardiendo. Puedes llegar a tener quemado todo tu cuerpo, incluyendo varios órganos internos, y seguirás vivo.

A veces hay suerte y tu cerebro es una sopa antes de que pueda procesar las enormes cantidades de dolor que todos y cada uno de los poros de tu piel le están mandando. Eso puede pasar, por ejemplo, cuando el complejo secreto del gobierno donde te tenían encerrado salta por los aires llevándose a todo el mundo por delante, tú incluido.

Otras veces, simplemente, el humo te asfixia. Estas dos formas de morir van juntas de vez en cuando.

Habrás escuchado que cuando mueres toda tu vida pasa ante tus ojos.

Lo último que pasa ante los míos es un trozo de puerta blindada y el tío que ha hecho estallar todo esto.

Volando metro y medio sobre el nivel del suelo.

Una buena onda expansiva puede hacerte competir con Superman durante algunos segundos. Casi no tengo tiempo de ver su sonrisa. Sólo un fogonazo en el rabillo del ojo y cuando voy a girarme ya no existo. Volatizado en un segundo. A veces hay suerte y eso ocurre; a altas temperaturas. Altas temperaturas inmediatas.

Como en esta explosión.

El problema de la mayoría de rebeldes es que no lo son. El problema de los que lo son es que son capaces de cosas como esta.

Lo último que olí fue algo parecido al pollo frito.

Las tres cualidades que toda persona que se llame a si mismo revolucionario sin estar mintiendo ha de cumplir son: poseer un Proyecto Histórico que demuestre la capacidad, objetiva, de cambiar el sistema actual, haber ideado una manera de conducir, de forma progresiva, a la negación de éste y ser consecuente en todas las esferas de su persona con el sistema a establecer.

En toda mi vida sólo he conocido a otra persona que las cumpliese, pero, desgraciadamente, ha sido borrado de la faz de la tierra tres décimas de segundo antes que yo.

Cuando hay hidrógeno de por medio las explosiones son realmente jodidas; créeme.

Supongo que, si tuviese tiempo, me alegraría por todo lo que nos hemos llevado por delante. Si la gente supiese la cantidad de cosas que se están haciendo para podernos controlar de forma absoluta, este mundo se volcaría en un baño de sangre definitivo. Por suerte para ellos la mayoría de esas cosas se hacían aquí. Algunos de esos proyectos estaban avanzados y otros eran sólo ideas, pero estaban todos en el mismo espacio al mismo tiempo.

Justo aquí.

Ahora ya no están; nosotros tampoco.

Todo por los aires.

Lo bueno de ser un mártir es que sabes que has dado tu vida por los demás. Lo malo, en este caso, es que nadie lo sabrá nunca. Para que alguien lo supiese tendrían que contárselo y, para que alguien lo contase, tendría que haber supervivientes. Ninguno de nosotros tiene tiempo de comprender, mientras nos carbonizamos batiendo records, que no habrá ser vivo en varios kilómetros a la redonda que pueda hablar sobre este día. Que yo sepa, hasta ahora, salvo algún caso de espiritismo científicamente sin demostrar, es necesario estar vivo para poder hablar.

Dijo que podía volar cualquier cosa y era cierto. No todo el mundo miente cada vez que abre la boca. Si tuviese tiempo me alegraría por eso.

Tendencia cromosómica a la rebelión. La mayor estupidez del mundo. Uno de sus proyectos iba de ese rollo. Eso nos trajo aquí, a nosotros; que éramos sus sujetos a investigar hasta que Liam perdió el control. Bueno, lo correcto sería decir hasta que Liam tomó el control.

Liam, veintiocho años, inteligencia y agresividad en continua competición por equilibrarse. Dirías que es un tipo muy listo y muy peligroso. Unos piensan y otros actúan. �?l actúa. Normalmente, en las revoluciones, en las ideas alternativas y en todo lo que represente poder cargarse el sistema, siempre la caga el que pone las bombas.

Si no existe se le crea y si no se le crea se le inventa.

Puedes inventar armas imaginarias y, ante esta amenaza, invadir el país que supuestamente las posee. Sólo tienes que hacer sentir a la gente insegura, decirles que allí hay un hombre de las bombas; meterles el miedo en el cuerpo. Cuando la gente se siente amenazada permite que hagas cualquier cosa para defenderla. No importa cuantos niños inocentes mueran. Son ellos o nosotros. El hombre de las bombas es el coco de la rebelión y, a la vez, la mejor excusa de los que tienen las riendas para no soltarlas.

Un tipo violento que sirve para desvirtuar una buena idea e invalidarla a ojos de todos.

Ese sería Liam; rebelde por el simple hecho de poder enfrentarse directamente con todo. Joderlo, mandarlo a la mierda.

Hacerlo estallar.

Dijo que podía volar cualquier cosa y era cierto. Si tuviese tiempo pensaría en lo irónico que es esto y en el verdadero origen de ese olor a pollo frito.

Josh era de Manhattan, treinta años. Un tipo realmente brillante, tranquilo y amable. Con las mejores ideas que has escuchado nunca acerca de construir una sociedad equilibrada utilizando asambleas. Democracia pura y anarquía en una mezcla que te resultaría imposible de concebir hasta haberle comprendido. Tendrías que escucharle. Funcionaría. Te lo juro. Si aún tuviese boca, seguramente, te lo contaría él mismo.

Miró hacia la puerta, cuando el suelo vibró, y se giró hacia mí.

A veces ves cosas en los ojos de la gente que hacen que pienses que la vida es más grande de lo que crees, que te estás perdiendo algo, que hay cosas que escapan a tu comprensión y que el que te mira lo tiene más claro y asumido que tú; que tiene las respuestas, que entiende todo lo que tú ni siquiera te planteas. Ese era Josh.

Se fue tres décimas de segundo antes que yo.

Si tuviese tiempo entendería que Josh es el olor a pollo frito en mi nariz justo antes de que ésta deje de existir.

La gente que nos tenía aquí piensa que no querer vivir tu vida del modo que te imponen, que no creer en todas las cosas que quieren hacerte creer, que querer ser libres en todas tus decisiones y acciones y negarse a aceptar su modo de ver el mundo puede ser algún tipo de desviación genética.

Así que usaron todos sus medios, y estos son muchos, para reunir �??especimenes�?� que hubiesen mostrado tendencias rebeldes desde temprana edad, al parecer sin motivo evidente, para investigarlos. A ser posible, personas que no tuviesen justificación psicológica para la rebeldía. Liam, pese a todo, tuvo una infancia tranquila y no vivió ningún conflicto emocional que le hiciese odiarlo todo, simplemente era consciente de algunas mentiras y desarrolló una impresionante habilidad para respaldar revueltas con explosivos. Impresionante como todo este complejo subterráneo de Dios sabe cuantos kilómetros cuadrados volando por los aires.

Josh era un tipo increíble. Nada más.

Si tuviese tiempo te diría que personalmente no creo que la rebeldía sea algo genético, pero claro, yo siempre me he negado a admitir que no somos más que un conjunto de procesos biológicos y reacciones químicas. Las vivencias condicionan. La genética determina ciertas cosas. Pero siempre he pensado que somos algo más que todo eso.

No sabría decirte exactamente cuánto más, en fin; ya me entiendes. "


Bueno, pues esto es un trozo de una cosa que tengo empezada por ahí y con la que me pondré un día de estos, espero que os guste y todo eso que suele decirse.