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27 de Julio 2005

Los Demonios de un hombre ( Para Juanma )

Voy a contarte algo que no vas a entender, dijo.

Se llevó el vaso de vino a los labios y bebió. Un trago corto; siempre bebía tragos cortos cuando explicaba algo.

Las únicas cosas que vale la pena contar, dijo, no pueden contarse.

Levantó las cejas y añadió: Esas putillas, las palabras, no sirven para nada; eso es lo que aprendes trabajando con ellas.

Símbolos, las palabras son símbolos, dije yo, sí, ya he notado que algunas cosas no caben en ellas, pero bueno, hay que intentarlo.

Escucha, dijo, se trata de que aprendas a triangular la realidad sabiendo que jamás podrás acercarte a ella. Palabras, palabras; nada. Escribir es intentar lo imposible sabiendo que no vas a lograrlo. Me refiero a escribir de verdad, lo demás es quedarse en la zona segura contando mil veces lo mismo, ya sabes.

Bueno, dije, pero se puede escribir bien. Tú incluso tienes premios. Ya sé que los premios no son un indicador, pero vamos, quiero decir que tus historias llegan, ya me entiendes, se puede hacer bien, conectar, transmitir; contar bien la historia.

Apoyó sus manos en la mesa y se inclinó hacia delante, como para ponerse en pie. Clavó su mirada en mis ojos y dijo: Puta mierda, nada, cero. Soy un campeón de lo imposible, sí, se me ha premiado por fracasar con más elegancia que otros, nada más. Esto es como cualquier otra cosa, no tiene sentido, se lo tienes que dar tú. Aún no se han dado cuenta de que lo único importante es que no importa.
Jodidos capullos.

Dio otro trago y siguió hablando.

Está todo en la mirada, chaval; es aprendida, falsa. Lo único que ves es tu forma de ver. Escribir puede servir, como mucho, para que aprendas sobre ella o, en algunos casos, para trabajar otros prismas. Construyes realidades esperando entender cómo cojones funcionan. Fracasas y vuelves a intentarlo desde otro ángulo.

Crear ficciones, dije yo.
Trocitos de mierda, sí.

Catarsis, pensé en voz alta.

A la mierda la catarsis chaval, gilipolleces. Puedes poner tus demonios sobre papel y mirarles a la cara, pero ¿librarte de ellos? Olvídalo. Además, no es bueno librarse de ellos.
¿Por qué? Pregunté.
Me miró en silencio durante unos instantes.

Porque los demonios de un hombre son el motor que lo mueve, chaval.

Somos criaturas enfermas, niño, tensas; necesitamos sacar fuera toda esa basura extra que genera darnos cuenta de las mil pequeñas cosas que el resto no ve. Nos decimos a nosotros mismos que crear es nuestra elección. Una mierda elección. Toda la puta vida escribiendo sin poder parar. Premios, joder, no tienen ni puta idea. Es como rascarse, ¿entiendes? Escribir es un puto picor que no se puede aliviar, aunque te rasques hasta arrancarte la piel.

Hizo una pausa y observó la botella. Después volvió a mirarme y siguió hablando.

Sólo haces pausas para existir y contarlo después. Cuanto mejor escribas más cuenta te darás de esto: Es imposible reflejar nada, nada es representable, todas esas notas sobre tu existencia ni siquiera son una pálida sombra de ésta. Y aún así, si lo intentas lo suficiente y llegas a fracasar de un modo original te llamaran escritor. Igual hasta te dan un premio como esos que tengo en el baño.

Sonrió con malicia mientras daba un trago a su copa; un trago largo esta vez.

Eres un jodido cínico, dije sonriendo.
Abrió sus brazos, subió los hombros y dijo sonriendo: Denúnciame.

Los dos reímos, pagamos la cuenta y salimos del bar.
Quedaba noche por delante.