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12 de Junio 2006

El Desierto

Iba a tenerla delante.
Le gustaba decirlo en voz baja, para sí mismo.

Dentro de unas horas iba a tenerla delante y, entonces, todas las pequeñas piezas que había reunido durante esos dos años encajarían.
Todo estaba dispuesto. Con su marcha empezó el desierto y con su visita terminaría.

Tan claro como que el agua moja, estés donde estés.

Había estado arreglando su casa esos días. Mientras lo hacía se arreglaba también a sí mismo. Con la paz que le proporcionaba tenerla cerca era capaz de entender muchas más cosas de las que podía entender sin ella. Si nunca has dormido junto a nadie y has sentido que valdría la pena morir en ese instante, que todos tus círculos están cerrados, que ya no queda nada más que hacer, que todo está en su sitio, que nada puede hacerte más feliz que ese simple momento de estar ahí, totalmente presente, vivo como nunca lo has estado, en ese único segundo en que su presencia lo hace encajar todo, si nunca has sentido eso te será difícil entender qué sentía. �?l te desearía con todo lo bueno que le queda que algún día sepas qué se siente. Todos deberíamos sentirnos así al menos una vez en la vida, solía decir.

Iba a recogerla en el mismo sitio en que la dejó marchar.

Todos tenemos nuestra propia mitología personal, nuestras etapas, el nombre que ponemos a los capítulos de nuestra vida, más sencillos o más complicados, pero capítulos.

Te hayas dado cuenta o no tú también lo haces.

En la suya el tiempo que va desde decirle adiós hasta volver a decirle hola se llama El Desierto. Lo llama así por muchos motivos. �?l Podría contarte que ese Desierto estuvo dividido en dos tramos, que la sed fue un factor importante, que aprender a ignorarla lo fue aún más, que a veces el agua que te ofrecen puede estar envenenada y que hasta los compañeros más fieles pueden desaparecer en medio de una tormenta de arena. Podría contarte cómo se aprende a ganar, a perder, a vivir y a morir en el desierto porque, le creas o no, esos dos años fueron toda una vida, encerrada en un pequeño periodo de tiempo, y eso es una suerte.

Poder vivir varias vidas en una.

A partir de la primera mitad empezó a observar con atención, y eso le ayudó a entender qué estaba ocurriendo y, lo más importante, porqué. Luego miró hacia atrás y entendió algunas cosas del primer tramo. Cosas que parecieron pequeñas en su momento. Conforme se fue acercando el final fue recapitulando, observando círculos cerrarse, notándolo llegar. Hacía falta algo para dar el desierto por terminado, algo debería indicar que ya estaba cruzado. Entonces llamó, hablaron, rieron y ella cruzó media Europa para pasar unos días en casa con él.

La mujer que no podía darle futuro le dio un presente que lo cambió todo.

Iban a ser unos días buenos, eso lo sabía. Le apetecía disfrutar de su compañía, ahora que, después del desierto, había aprendido a saborearlo todo.

Ahora sabía beberse la vida.
Y los primeros tragos los daría con ella.
Porque así había de ser.
Porque así lo eligió.

9 de Junio 2006

[Activism] Metáfora

Imagina que todos nos infectamos con un virus.

Imagina que unos generan anticuerpos y otros sucumben a él.
La gente que genera anticuerpos tiene dos opciones:

Viven felices de tener anticuerpos, de que el virus no les afecte, y se construyen una vida lo más comoda posible o intentan por todos los medios usar su sangre para que, mediante transfusiones, los demás también tengan defensas.

Piensa en ello.

P.D: Esta es la metáfora básica, podríamos ampliarla y sugerir que, de expandirse demasiado, esos anticuerpos en un momento dado podrían convertirse en una nueva infección, para la cual alguien debería generar nuevos anticuerpos que volverían a expandirse, y así hasta el infinito. Pero no vamos a complicarlo, se trata de coger la idea. De momento así es suficiente. Sólo piénsalo.

4 de Junio 2006

[Artículo Ateneaglam, mes Junio]

No sabes que hay minas hasta que pisas una, y entonces suele ser demasiado tarde.

Allá por el ochenta y tres los aprendices de demócrata tuvieron a bien introducir una ley que prohibía la exhibición de material ofensivo en la vía pública.
Nunca he tenido demasiado claro quién decide este tipo de cosas, es decir, quién puede hablar en nombre de una mayoría sin imponer su criterio, sobretodo cuando se trata de cosas tan subjetivas como qué es de buen o mal gusto y qué resulta o no resulta ofensivo a la vista. Hay miradas, y miradas.

El caso es que como los conservadores que dicen no estar obsesionados con el sexo están obsesionados con el sexo, y las cosas estaban como estaban por aquel entonces, se prohibió precisamente eso, es decir, que hubiese mujeres desnudas, porno, y cosas tan poco naturales a la vista, Dios nos libre del pecado, sobretodo si tiene tetas.

Esta ley, decreto, censurilla de andar por casa para contentar a nacional católicos y gentes de bien, o cómo diablos los queramos llamar, ha estado criando polvo más o menos unos veintitrés años. Una siesta, vamos.

Y ahora, de pronto, se aplica, aquí, en nuestra ciudad.

Claro, uno levanta la ceja, se pone colorado, nota la tensión subirle por el cuello y pega un vistazo al calendario. Veintitrés añitos después, y coincidiendo con la próxima visita de su Majestad Vaticana, el Papa, la ley salta al ruedo y empieza a aplicarse. Que conveniente todo. Que democrático, que poco forzado, ¿verdad?

Lo mejor de todo es que ni El Ayuntamiento, ni La Jefatura, admiten haber dado la orden de que esta ley se aplique. Ha sido, al parecer, iniciativa privada de los agentes. Se multó a un par de Quioscos, y se avisó amablemente al resto de que la ley existía y que, para evitar problemas, sería mejor no tener ciertas cosas a la vista. También algunos particulares, ciudadanos muy majos y simpáticos de esos que van a misa los domingos, recomendaron a sus quiosqueros que quitasen esas cosas de en medio, no sea que se nos ofendan las gentes de bien que nos van a invadir la ciudad, vive Dios.

Luego retracciones, aclaraciones, y un largo etcétera, pero el daño ya está hecho. El daño, por si no está claro, se llama miedo. Porque la mejor manera de prohibirte algo es conseguir que te lo prohíbas tú mismo, y de eso, aquí, los colegas, saben un rato.

Quiosqueros retirando no sólo el porno, sino el Interviu, e incluso las revistas de Fitness donde salen chicas en bikini luciendo unos culos, por cierto, estupendos. No sea que les multen, no sea que se busquen un lío por molestarle la vista a los fans del Papa, que son los que, al parecer, mandan aquí.

Así que de eso va el asunto, de acojonar al personal un poco, de retractarse a medias luego y dejarles con el susto, para ver si se cortan un poquito y hacen lo que se espera de ellos; obedecer como buenas ovejitas a estos pastores.

El problema está en que estos pastores están en las últimas, han demostrado a lo largo de la historia que como eso, como pastores, no dan ni una. Seguir bailándoles el agua es algo más que un error absurdo. Pero aquí no decimos que no a un baile, así que: derroche de dinero, cámaras por doquier y censura a la vieja usanza; que se sientan como en casa, como en los tiempos que añoran, cuando su moral era ley, los tiempos que están tratando de devolvernos, los simpáticos cabroncetes.

Uno no puede evitar pensar en cuántas leyes así habrá diseminadas por toda la maraña de códigos penales, civiles y judiciales que nos rigen. Leyes mina, dispuestas a saltar cuando resulte conveniente hacerlas saltar, para poder cohibir, de forma rastrera y amparados en la legalidad, a la gente que ya ha superado la infancia mental.

Eso sí que es ofensivo a la vista.