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24 de Septiembre 2006

Carta al Canto Del Loco [Ateneaglam Oct-Nov]

Querida emisión sonora con pretensiones melódicas proferida por un perturbado mental.
(Vulgo: Querido Canto Del Loco)

He de confesar que me tiene usted desconcertado.

Al principio me costaba mucho descifrar sus mensajes, ya que el portavoz de su esfera conceptual no es precisamente reconocido por su capacidad de vocalización clara y concisa. Ahora que ya he reajustado mi oído y soy capaz de entender, casi a la perfección, el castellano que practica, he de decirle que me asalta la duda.

Verá, estoy totalmente de acuerdo con eso de �??amaestrados, vamos todos al mismo sitio�?� que dice usted. Fíjese si estoy de acuerdo que hace tiempo que dejé de ir. Salvo alguna incursión nocturna esporádica como la que comentaré más adelante, y que, en parte, ha motivado esta carta.

Le recomendaría que hiciese lo mismo, es decir, haga otras cosas y olvídese de esos lugares. Hay más formas de divertirse, seguro que si busca bien las encontrará. Ese brillito inteligente en su mirada me lo dice.

Si le soy sincero no acabo de entender porque insiste en ir, ya que parece disgustarle mucho lo que encuentra allí. A decir verdad, me sorprendió usted en el primer estribillo, porque tras la protesta con la que abre la canción, y después de haber manifestado lo bien que se está en su sofá, escucharle decir eso de que quería entrar en el garito, y además con zapatillas, se me hizo raro, pero bueno; cada uno es libre de ser incoherente cómo y cuando le apetezca.

El caso es que, como le decía más arriba, anoche hice una excepción y visité uno de esos garitos donde, por cierto, casi todo el mundo iba en zapatillas.

Llegados a este punto he de romper una lanza a su favor.

Con toda esa gente ocupándose de cosas superficiales como la inmigración, el uso de dinero público para mentir al ciudadano (me refiero a las campaña anti-piratería, no sé si sabe usted algo de eso, de hecho no sé si sabe usted algo, así, en general.), todos esos temas aburridos, ya me entiende, la desigualdad social, la manipulación mediática, nuestros soldaditos yéndose a guerras que ni les van ni les vienen, en fin, todos protestando y a nadie, hasta que usted llegó, se le había ocurrido poner el dedo en la llaga; denunciar en voz alta, y con éxito, los dos puntos que realmente conforman la problemática de la juventud española a día de hoy:

El libre acceso a los locales, usando zapatillas, y el aparcamiento.
Eso sí que es cortar de raíz.

Pese a que el segundo punto me de bastante lo mismo, porque suelo ir a pie, he de reconocer que las élites intelectuales y los más vanguardistas en eso de la lucha por los derechos civiles van a tener que tomar buena nota de su osado gesto y de su indiscutible victoria. Al menos en lo que al primer punto se refiere.

Como le decía, ayer visité uno de esos garitos que tan poco le gustan, y a los que parece ir siempre que puede, y tuve una epifanía con respecto a su canción, que es lo que me ha impulsado a escribirle esta carta de agradecimiento.

Me sucedió cuando ya la habían puesto cinco o seis veces. Sé que algunos dirán que el hecho de que la pongan tanto, en sitios así, la convierte en �??esa puta música indiferente�?� que usted denuncia, pero ellos no han visto la luz.
Habiendo comprendido la magnitud de su labor social me asaltó la duda que mencioné al principio y que paso a exponerle a continuación:

¿Va a seguir con su cruzada y regalándonos canciones que cambien el mundo o va a sumirse en el silencio para que los ecos de perfección de su obra marquen el camino a los que vendrán después?

A mí me parece más épico lo segundo, más a la altura de un héroe postmoderno como usted. No obstante no seré yo quien le diga qué debe hacer.

Sin más que añadir, se despide atentamente,

Un fan.

17 de Septiembre 2006

LSD

Lo siente dentro.
Licuando su densidad, liberando sentidos demonizados.

Lázaro siendo devuelto.

Locura sin degradar, líneas, señales, direcciones.
Lee síntomas dramáticos, los siente desvanecer; largas soledades desaparecen. Labios saborean disyuntivas, las sienten. Despacio. Líneas sin división. Luces sensoriales doblegándose. Lecciones sobre dominio.

La sinestesia divina lanza sus dados.

Los sentidos, diáfanos.
Lenguaje, sin denigrar.
Loco, siempre demostrándolo.

La sentencia dice:
¿Locura?
Se da lentamente sobre destinos ligeros.
Sordos.
Destruidos.

¿Lo sabes? Dilo.

8 de Septiembre 2006

Pompas de jabón ( Para Dani )

De pequeño me gustaban las pompas de jabón.

Recuerdo tardes enteras en la cocina, jugando con ellas sobre el mármol blanco. Al principio estallaban en cuanto aterrizaban sobre él.

Desaparecían.

Estaban ahí, flotando, con ese arcoiris raro dentro y, entonces, dejaban de estar.
Dejaban de existir. Tan sólo quedaba una pequeña mancha húmeda, como la que dejan algunos besos.

Después descubrí que, cuando llevabas un rato jugando con ellas, cuando el mármol estaba ya muy húmedo, se posaban y se quedaban allí un rato.
Probé a mojarlo con agua nada más empezar a jugar, pero no era suficiente.

Seguían estallando.

Llegué a la conclusión de que necesitaban que su suelo estuviese cubierto de lo mismo que ellas, así se fundirían con él y aguantarían más tiempo.

Y así fue.

Pompas enormes dentro de las cuales mirar, preguntándome cómo sería.
Una vez conseguida la pompa que no estallase quería saber cómo sería estar dentro.
Era casi un mundo dentro de otro.
Casi.

Mojaba mis dedos con jabón y los introducía, despacio, dentro de ella.
Mi aliento le daba forma, el jabón lo contenía, el arcoiris raro cambiando de sentido una y otra vez, anunciaba cosas. Aprendí a leerlo. A saber cuándo la pompa iba a estallar. Estaba todo en sus giros. Sólo había que observar con atención.

No importa cuánto jabón usase.
Siempre terminaban estallando.

Al final la carne y la pompa siempre entraban en contacto.
Las pompas sólo entienden de jabón.
Nosotros entendemos más cosas. O lo intentamos.
Ellas no.

Ahora sólo me gustan las cosas que no necesitan que estés hecho de lo mismo que ellas para no desaparecer. Las pieles que aceptan el roce de otra piel sin nada que la disfrace.

Me gustaban las pompas de jabón, pero ya no quiero saber qué se siente estando dentro.
Siempre estallaban.
Siempre estallan.
Siempre estallarán.

Por eso me gusta estar fuera.

3 de Septiembre 2006

Tic, tac

El dolor le despierta.

Algo le golpea el pecho, una sola vez. Su brazo izquierdo está dormido.

El ventilador sigue girando como si nada de eso estuviese ocurriendo.

Se incorpora en la cama y se queda mirando al frente, a oscuras, listo para que el dolor aparezca de nuevo y se lo lleve por delante.

Siempre pensó que su corazón acabaría con él. Un día de estos. Es ese tipo de cosas que sabes sin entender por qué. Como cuando te despiertas y sientes que será un mal día.

Como cuando aciertas.

No me da miedo morir, dice a las sombras, he vivido muchas cosas, buenas y malas. He aprendido a tratarlas por igual. Según el jodido Kipling el mundo me pertenece.
A la mierda Kipling.
Estoy rodeado de gente que piensa que vivirá para siempre. Rodeado de gilipollas que no llaman a las cosas por su nombre.
Ahora existo y un día dejaré de existir.
Me la suda.
Borradme del mapa, cabrones, me da igual. Ya he hecho lo mío, estoy en el tiempo extra. Si me muero dándome cuenta estiraré el dedo medio para que me encuentren así.
Mi legado.
A tomar por el culo, pandilla.

Se queda allí, con el brazo cogido.
Esperando.

Nada. Ni rastro de dolor.
Quizá sólo lo soñó.
A lo mejor se le durmió el brazo y eso le despertó.

Vuelve a tumbarse y mira el techo.

Sonríe.

Saber que un día estirarás la pata, que ocurrirá en cualquier momento, que por importante que te parezcan tus cosas sólo eres un reloj haciendo tic tac hacia atrás, te da perspectiva.

Perspectiva y toneladas de libertad.

Otra vez será, piensa mientras se duerme.
Otra vez será, sí.

Pum, pum.
Tic, tac.