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25 de Noviembre 2006

Adrede

Hoy he recordado algo sobre mi madre en lo que no pensaba desde hace mucho tiempo.

Recuerdo que un día, jugando en la mesita baja de mi salón, cuando era niño, me enfadé. No recuerdo por qué, creo que fue por algo que intentaba hacer y no me salía, pero, como he dicho, no lo recuerdo bien.

El caso es que me enfadé y rompí una figurita. La tiré al suelo. Adrede.

A mi madre le encantaban las figuritas.
También le encantaba romperlas contra el suelo cuando se enfadaba, pero esa es otra historia.

Recuerdo que ella me miró y yo me quedé congelado, consciente de que había visto lo que acababa de hacer y de que, seguramente, me iba a pegar.

Mi madre se puso delante de mí, se agachó a mi altura, me miró a los ojos y me preguntó:

¿Lo has roto sin querer o ha sido queriendo?

Me quedé callado mirándola y, al final, hice lo que hago siempre; dije la verdad.

Lo he roto queriendo.

Mi madre se levantó, fue a por la escoba y barrió todo aquello mientras yo seguía allí sentado, mirándola. Luego volvió a sus cosas, estaba ordenando algo, tampoco recuerdo bien esa parte.

Cuando volvió a mirarme le pregunté.

¿Por qué no me has pegado?, dije, lo he roto queriendo

Ella dejó lo que estaba haciendo y volvió a agacharse a mi altura.

No te he pegado, dijo, porque has dicho la verdad. Si hubieses mentido sí te habría pegado.

Esta noche he recordado todo esto por cosas que no vienen al caso.
Esto y que aprendí mucho de ella, de forma directa o indirecta, pero, curiosamente, esta lección es una de las que más valoro.

No me importa que me mientan, porque entiendo que todo el mundo lo hace, pero una vez detecto las mentiras, y por suerte o desgracia lo hago con bastante precisión, siempre concedo la oportunidad de decir la verdad. Siempre. Sin excepción.

Esto intento aplicarlo a todo, sobre todo a mis relaciones personales.

Hoy he llegado a la conclusión de que me moriré sin que ninguno de los mentirosos que pasen por mi vida diga la verdad en el momento en que le comunique que sé que está mintiendo. No importa que les brinde mil oportunidades de decir qué ha pasado realmente, ni que incluso se lo insinúe de forma abierta, ni que les deje claro que no pasa nada, que pueden hablar. Tampoco importa que les haga una descripción exacta de lo que realmente ha pasado, eso que están escondiendo con su mentira.

Da igual.

Siempre dirán que lo rompieron sin querer.
Y yo siempre sabré que están mintiendo.

No podéis imaginar lo triste que eso resulta para mí. No creo que nadie pueda hacerse una idea de, hasta qué punto, ese detalle me roba la fe en mil pequeñas cosas.

Y en otras más grandes.

12 de Noviembre 2006

Locos por bailar

Cualquiera de nosotros podría decirlo.

Decir que sólo tu cuerpo cumplió sus promesas.

Que cada uno de los placeres que parecía capaz de dar fue dado.
Preguntar dónde estaba tu alma en aquellos momentos.

Decir que se esforzó en buscarla, que la invitó a bailar, que se vistió con sus mejores sentimientos. Que sólo encontró disculpas por no acudir nunca a esa cita.

Que las disculpas empezaron a aburrirle, haciéndole mirar hacia otra parte.

Dijiste que todo era distinto, especial, intenso.
Podría preguntar en qué gesto escondías todo eso que decías sentir.

Cualquiera de nosotros podría decir que no supo mantener hogueras encendidas con leña que no estaba dónde tú dijiste que estaría.

Que quizá fue mala suerte, por las llamadas que no se cogen, por los momentos que no se comparten, por los mensajes que no llegan, por las palabras que no se dicen. Pero ahí terminamos todos, tarde o temprano.

Observando tu baile solitario.
Empezando el nuestro.

Cualquiera de nosotros podría decirlo y, sin embargo, callamos.
Intentando escuchar una música que nunca suena.

Todos nosotros.
Locos por bailar.

7 de Noviembre 2006

Hoy está loca

Estoy harta de limpiar sus mierdas, dice.
Y la mete en la bolsa de basura, junto con un montón de cosas más. La perra es pequeña y tiembla, casi sin moverse.

El niño mira desde el suelo, sentado. Pero mamá, dice, no puedes tirar un animal a la basura.
Y el miedo, a que lo haga, a que la mate, lo deja inmóvil mirando.

Hoy está loca.

No puedes hacerlo.
Claro que puedo, ya verás tú.

Deja la bolsa en el suelo y la perra, poco a poco, va saliendo con cuidado, como si supiese que algo anda mal.

No puedes hacerlo, piensa él.
No quiero vivir habiéndote visto hacer algo así.

6 de Noviembre 2006

Formas

Está escrito en una pared, cerca de un campo de fútbol, de camino a la escuela de música donde trabajo.

�??Nuestros sueños no caben en vuestras urnas�?�

Letras verde amarillento, un par de tonos por debajo del fluorescente, la pintura demasiado líquida.
Llamativo pero poco definido.

Son los bordes, pienso, esos contornos goteando. Si fuese rojo parecería una película de terror.

Mensaje válido, forma incorrecta.

Me recuerda tantas otras cosas que me quedo allí de pie, mirándola; una idea aplastada contra una pared.

Cuestión de formas, digo en voz baja.

Y sigo andando, con las manos en los bolsillos.
Pensando en ello.