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6 de Abril 2007

Fiesta del Taller de Escritura

Cuando comencé a coordinar el Taller de Escritura Creativa supe que habría momentos como éste, como el de esta noche.

Sin embargo ha sido hoy cuando, por fin, lo he disfrutado.

Cuando los he visto creando. En esa mesa donde damos las clases, cumpliendo un objetivo tras otro, entre risas, con algunos momentos de cansancio, con una parada para cenar que casi echa abajo las ganas de continuar escribiendo. Hasta que los bolígrafos volvieron a las manos y las ideas volvieron al ambiente. Hasta que las trajeron, como han aprendido a hacer.

Ver a cada uno de ellos escribir durante cinco minutos todo aquello que les pasaba por la cabeza, sin detenerse, y comentar en voz alta los resultados, examinando con cuidado qué estrategias conscientes o inconscientes siguieron para cubrir el objetivo.

Ver a los seis partir del mismo material, dos palabras, y construir seis relatos distintos.

Verles escribir y pasarle la hoja al de al lado, dándole tiempo a leerla para lanzarse a completarla, girando hasta que haya pasado por todos.

Leer el resultado final y morirnos de risa, asombrados, contentos.
La fiesta del taller de Escritura Creativa.

Y yo allí, a su alrededor, matizando ideas, proponiendo soluciones y formas de encarar el ejercicio, interviniendo lo menos posible.

Viéndolos solos ante una hoja en blanco que ya no les da miedo.

Orgulloso de ellos.

4 de Abril 2007

Mary, Percy y Franky

Ya no sabe uno qué pensar.

Leo a un tipo afirmar que Mary Shelley no escribió Frankenstein y parpadeo un par de veces, preparándome para lo que pueda venir a continuación. Igual resulta que fue Cervantes, o Shakespeare, o, qué cojones, puestos a escuchar gilipolleces igual el original era de Lucía Etxebarría y se lo plagiaron, por aquello de hacerle saber qué se siente, ¿Qué más dará?

Lo mismo fue Paolo Coelho, que en uno de sus viajes astrales decidió soltar una cagadita en el continuum espacio tiempo, así, en plan rapidito, y se nos materializó la movida en forma de obra maestra.

Lo mejor de todo es el argumento, por llamarlo de alguna forma, que se da al respecto:

Que era muy joven, que tenía poca educación, que una mujer no podría escribir algo así, y toda una retahíla de gilipolleces que lo dejan a uno con la boca abierta.

¿Qué clase de droga te echas en el desayuno, colega?

Vamos a dejar de lado que la nena en cuestión superaba intelectualmente a la media de su época, no sólo en capacidad y lecturas sino en estímulos, tanto familiares -échale un vistazo al currículum de sus papis- como sociales.

Todos los que hemos pasado algún que otro rato husmeando en los entresijos de la literatura sabemos que Percy Shelley corrigió el texto original. Es evidente, en algunos tramos, su influencia a la hora de rehacer ciertas frases para darles un aire más recargado, como gustaban en aquella época, ya que Mary escribía de una forma más directa que su esposo y corrector, aunque de ahí a decir que fue él quién escribió la obra va todo un mundo. O dos, si son pequeños.

A no ser que uno piense que las chicas no pueden ser brillantes.

Porque vale, la mayoría de mujeres que escriben lo hacen del culo, pero eso no es excusa; la mayoría de hombres que escriben también lo hacen del culo, así que en eso de la mediocridad no hay discriminación por razón de sexo. Somos todos así de miserables.

Lo bueno que tiene el asunto es que si te metes con un escritor que goza del beneplácito del público eres un cabrón, pero si te metes con una escritora eres, además de un cabrón, un jodido machista misógino retrógrado y represor, que suena como música para los oídos de los amantes de la sobreadjetivación.

Que no encontremos en la historia más pintoras, escultoras, compositoras, etc, no se debe a una falta de talento asociado al sexo al que se pertenece, ni mucho menos. Unos cuantos siglos de cultura patriarcal judeocristiana explican las cosas con bastante claridad.

Es cuestión de saber leer entre líneas.

No obstante esto no implica, como pretenden algunas, que en realidad ellas sean genios que han sido reprimidos para que las pobres luces de nuestros tristes penes no se vean eclipsadas por los focos de sus luminosos úteros dadores de vida, blablablá, inserte aquí paranoia menstrual, blablablá.

Que mucha protegida se tiró a escribir es cierto, como también es cierto que mucho niño de papá lo hizo, así que, colegas, empate técnico, aquí el sexo ni pincha ni corta.

Repito que, a mi parecer, somos todos, con o sin pilila, bastante mediocrillos, lo cual no quita que de vez en cuando un jambo o una jamba dejen al mundo con la boca abierta por su buen hacer. Buen hacer que, por mucho que cuatro gilipollas se empeñen, no tiene nada que ver con ser Gay, Lesbiana, o con vivir en el sitio Cool de turno.

Capullos.

Claro que el autor del comentario, respetado en otro tiempo por el que escribe estas líneas -debido a sus interesantes teorías con respecto al Sida-, parece tener a las feministas un poco cruzadas. Así que igual lo que pretendía era tocarles los ovarios, atacando a uno de sus iconos por excelencia. Porque Mary fue una mujer que brilló con luz propia en un tiempo dominado casi en su totalidad por hombres. Quizá el cabroncete le atribuye su mejor obra a Percy por aquello de reforzar la imagen de la compañera/complemento que tanto detestan las del No Somos un Agujero.

Por joder, vamos.

Es lo que tiene que haya tanto Neohistoriador suelto; que ahora se puede reinterpretar todo y, como ninguno de nosotros estaba ahí cuando Byron lanzó el guante y propuso que todos escribiesen una historia de fantasmas, cualquier teoría es válida.

Incluso la de que una mujer brillante era sólo brillante si tenía un hombre detrás que le diese luz. Claro que llevamos siglos escuchando lo mismo al revés; que todo gran hombre tiene una gran mujer detrás, pero a decir verdad ninguna de las dos estupideces me parece convincente.

Si os interesa mi opinión creo que los dos, tanto Percy como Mary, eran grandes en lo suyo, y no creo que nadie estuviese detrás de nadie, quizá sí al lado, apoyándose y ayudándose, sin saber que algún día un gilipollas usaría esa compenetración para cuestionar, no sólo la autoría, sino también el talento de una mujer que, repito, se merece pasar la historia como una buena escritora.

Claro que, en última instancia, si las cosas se ponen feas para el tipo que hizo la afirmación, éste podrá salirse de rositas echándole la culpa de todo a su madre.

Por no haberle dado suficiente pecho.
Ni dos buenas hostias a tiempo.


Autor del libro donde se dice que la autora no es la autora (jojojo)
Info sobre la autora
Info sobre el marido de ésta (El autor, según el señor Lauritsen.)
El Monstruo en sí.