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16 de Mayo 2007

Mi antorcha de cumpleaños

Esta ciudad es una mierda.
El primer artículo que publiqué empezaba con esa frase.

La revista estaba a cargo del ahora fallecido Victor Orenga y la sección que me asignaron se llamaba reflejos nocturnos, o algo así.
Tenía que escribir sobre sitios donde ir a divertirse, así que hice un par de bocetos y los deseché.

Demasiado formal.

Al final me pareció más conveniente jugármela y empezar explicando a los lectores por qué tenían que divertirse.

La cosa quedó más o menos así:

�??Tienes que divertirte porque vives en una ciudad donde se construyen atracciones con tu dinero y luego se te pretende cobrar una cantidad insultantemente elevada por entrar.
Tienes que divertirte porque vives en una ciudad donde algunas personas confunden educación de calidad con educación impartida por supernumerarios del Opus Dei.
Tienes que divertirte porque vives en una ciudad donde nunca podrás comprar un piso, a no ser que estés dispuesto a pagar durante 20 años una cantidad tan absurda que sólo podrás afrontarla enamorándote, por cojones, y compartiendo gastos. Un sueldo para recibos y otro para sobrevivir.
Tienes que divertirte porque te tienen cogido por las pelotas, y siempre es bueno tener un respiro, aunque, al final, la piches sin haber podido vivir del todo; demasiado ocupado llenando sus bolsillos e ignorando cómo todo se va al garete.
Hay más motivos para divertirse, pero, como me dicen que te escriba un artículo y no una enciclopedia en varios volúmenes, tendrás que conformarte con los que te he dado.
Como habrás adivinado me han pedido a mí que te lo cuente porque soy un tío simpático; optimista y esas cosas tan chulis que son el credo de la nueva generación de jóvenes Hilfiger. Un encanto, vamos; pregunta a quien quieras.
La cosa está en que, a esta ciudad, le pasa un poco como a cualquier grupo de gente:
En general son una basura pero, aislados, uno a uno, a veces valen la pena.
Así que eso es lo que voy a hacer, hablarte de esos elementos aislados, de esos sitios que hacen que uno olvide donde está y lo que le espera.
Te diré donde están, te hablaré un poco de ellos y luego ya es asunto tuyo, como todo lo demás.�?�

Después de eso hablé de dos de mis locales favoritos, y poco más.
Esperaba que me lo censurasen o algo, pero al final lo publicaron.

Aunque creo que cambiaron el título.

Os cuento todo esto porque el lunes pasado fue mi cumpleaños y, no sé por qué, mientras estaba tumbado en la cama viendo la primera temporada de Twin Peaks con una preciosa chica sureña a mi lado, sin venir a cuento, me acordé de aquel artículo.

Supongo que cuando cumples años las cosas que hiciste los cumplen también.

Ha llovido mucho desde que publicaron aquello. He pasado por otras revistas, otras editoriales, por otros trabajos relacionados con escribir y, al final, esto se ha convertido en algo que, además de darme muy buenos ratos, me aporta un dinerillo.

Y todo empezó con aquella frase, en aquel primer artículo.

Esta ciudad es una mierda.

Mirando atrás uno ve la cantidad de cosas que han cambiado, a nivel personal, a nivel político, a nivel local, y, sin embargo, cada una de las palabras que escribí en esa introducción sigue siendo cierta.

�??Plus ça change et plus c�??est la même chose�?�
Estos franceses son la leche.

Claro que podría haberlo dicho de otra forma:

Podría haber dicho que esta ciudad es como una enorme falla; una estructura hueca que simula una solidez que no tiene.

A cualquier precio.

Un circo de eventos religiosos de los que a este paso nunca sabremos el coste, de Copa América, con todo lo que conlleva y con lo que vendrá después, de Circuitos Urbanos de Fórmula Uno, de especulación urbanística, de lucecitas, de atracciones y de jeta, de mucha jeta.

Una jodida explosión de fuegos artificiales que te hace mirar al cielo con la boca abierta, apartando tu vista del suelo; de las cosas reales.

Echa un vistazo a nuestros puentes si no captas la idea.
Debajo de ellos, para más señas.

Lo que parecen haber olvidado los fans del todo por la pasta, los amigos del antes muertos que sencillos y que pague el del fondo, es que las fallas están ahí para arder y que, cuando están bien construidas, se colapsan sobre sí mismas. Aunque, visto lo visto, no creo que esta queme bien. Tanta capa de pintura para disimular una estructura pobre y cada vez más cargada no debe ser buena.

Pensé en esto durante unos instantes y luego seguí abrazado a la niña sureña, viendo cómo al agente Cooper le pegaban cuatro tiros en Twin Peaks y pensando dónde demonios venderán antorchas de tamaño familiar. Comenzando a sospechar por qué nadie me regala una.
Cabrones.

En cuanto tuve ocasión le eché un vistazo al artículo original y lo leí un par de veces.

Esta ciudad es una mierda, escribí. Sí.
Y me pasó lo que nos pasa a todos los que empezamos a escribir.

Que me quedé corto.