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28 de Junio 2008

Cerveza Negra

Esos dos gilipollas siguen discutiendo mientras intento concentrarme en el libro.

Vale, acepto que la barra de un pub no es el mejor sitio para leer, pero oye; tener cosas que ignorar ayuda a concentrarse.

Y si algo tienes en un pub son cosas que ignorar.
Cosas que ignorar e ignorantes como los dos mamones que llevan un rato discutiendo con el camarero sobre la forma correcta de servir cerveza negra.

El que está en minoría, además de ser el camarero, tiene razón. Los otros dos no reconocerían una cerveza negra bien tirada ni ahogándose en ella, pero yo estoy demasiado concentrado en el discurso megalomaníaco que se está marcando el doctor Benway en el libro como para decirlo en voz alta.

Mi colega, sin embargo, ha dejado su libro y está pendiente de la disputa. Le gusta la cerveza más que a mí así que supongo que será algo personal.

Al final deciden tirar dos pintas. Una usando el método que defiende el camarero y otra usando el método que defienden los dos mongos que me están dando la tarde. A ver cuál les queda mejor, a las criaturitas.

Menuda mierda, pienso, Salomón se avergonzaría de lo poco espectacular que se ha vuelto nuestra forma de resolver disputas. Estas cosas sin bebés por medio no son lo mismo.

Avanzo unas cuantas páginas y descubro que una de las cervezas ya está servida sobre el mostrador. Demasiado rápido, pienso. El camarero, sin embargo, se toma su tiempo. Al final pone su pinta al lado de la otra.

Los dos tipos las miran.
El camarero las mira.
Mi colega las mira.
Hasta yo las miro, joder.

-¿Veis?-, dice el camarero.
-¿Ver el qué?
-¿Cómo que el qué?, ¿no veis que está mejor tirada? Fijaos en el corte del blanco y el negro, en la espuma, en que no se ve turbio.

El más necio del dúo dinámico acerca la cara, arquea las cejas y dice que él las ve igual.

Hasta aquí hemos llegado, colega.

-¿Cómo cojones vas a verlas igual?-, digo subiéndome a la silla para coger perspectiva-, ¿No ves que la del camarero parece el culo de un bebe y la tuya tiene más cráteres que la puta luna?

Están desconcertados.
Suele pasar cuando un tipo silencioso se sube a una silla y empieza a gritarte.

-Hombre-, dice-, no sé�?� seguro que las dos están igual de buenas.

-Claro, y si te metemos en un cuarto oscuro y te la chupan, sea una chica, un perro, un vendedor de cupones o un puto celador de hospital, te dará gustito, por mucho que me jures que no eres gay o que no te van los perros. Porque claro, siguiendo tu lógica una lengua es una lengua, igual que una cerveza es una cerveza, así que, ¿Qué más da?

Los dos tipos me miran, se miran entre ellos y me vuelven a mirar.

-La movida-, sigo-, va de cual está mejor tirada, no de cual sabe mejor, entre otras cosas porque son del mismo jodido barril, ¿a qué coño viene eso de que seguro que están igual de buenas? Admite que no tienes razón, que la suya está mejor tirada y déjame terminar el puto libro, hostia ya, qué gente hay en el mundo.

Se miran entre ellos y miran al camarero que mira a mi colega que me está mirando a mí.

Y yo allí arriba, con el libro en una mano y señalando las dos pintas con la otra. Una especie de estatua de la libertad cansada de tener el brazo en alto.

-Bueno, vale-, dice el tipo-, la suya tiene mejor aspecto. Pero en el fondo da lo mismo; están igual de buenas.

Me quedo mirándolo desde ahí arriba, pensando en patadas voladoras, lluvias de fuego y cosas por el estilo.

-Claro que da igual, pero sois vosotros los que habéis empezado una discusión pensando que la ibais a ganar, y ahora que perdéis ¿ya no tiene importancia? Venga ya, hombre, si vais a ir de ese palo haceos políticos o curas o algo.

Después me bajo y sigo con mi libro.
Mi colega sigue con el suyo.
El camarero sigue con sus cosas.
Los dos tipos se van.

Pasan unos minutos.

-Oye-, dice mi colega-, ya que están ahí�?� ¿nos bebemos las cervezas?

Levanto la vista del libro y miro las dos pintas.

-Ni de coña, tío, ya sabes que yo paso de la cerveza.
-Es verdad.