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28 de Febrero 2011

Pepito

Mis noches de verano eran un parque mal iluminado donde las madres charlaban en bancos mientras los niños jugaban.

Y estaba Pepito, con su eterna chaqueta marrón. Una cabeza diminuta coronando un cuerpo hecho de alambre.

Tenía treinta.
Aparentaba cuarenta y cinco.

Sus dientes eran oscuros, por el vino, y tenía ojos de niño.
Siempre estaba borracho.

Era uno de mis mejores amigos cuando yo tenía once años, sobre todo en verano.

Nos sentábamos en aquel banco, casi siempre el mismo, y charlábamos. Charlábamos horas y horas, un poco de todo. Me llamaba la atención la textura de su piel. Años más tarde asocié ese tipo de piel a la gente que bebe, a los que beben mucho.

Nunca he podido olvidar sus ojeras.

A veces su mirada se perdía, pero nunca dejaba de hablarme.
Una vez se levantó, vomitó en un árbol y volvió a sentarse conmigo.

A Pepito, decía su hermana, le gusta mucho hablar con Tony.

Su hermana, Juani, era muy fea. Tenía gafas de culo de vaso, el pelo grasiento, los dientes torcidos y oscuros. Todos los veranos nos contaba cómo, hacía muchos años, había ido a un viaje con más chicas, y cómo el chico por el que todas suspiraban (usaba esa expresión "el chico por el que todas suspiraban") se había sentado a su lado, al fondo del autobús, hablando con ella todo el viaje sin hacer caso a las demás.
Muy monas y muy guapas, decía, pero ahí estaba él, sentadito en el fondo con la Juani.

Nunca supe qué pensar de aquella historia.

Ella también bebía, pero no tanto como Pepito.
Nadie bebía tanto como él.
O eso decían, porque yo nunca le vi beber. Siempre venía tambaleándose, pero nunca bebía mientras hablábamos.

Una vez pregunté a mi madre por qué Pepito estaba siempre borracho, si no se le veía beber. Mi madre me dijo que había bebido ya tanto que se había quedado así.

Una noche me bajó cómics, él sabía que me gustaban los cómics. Eran antiguos, en blanco y negro, la mayoría de terror y ciencia ficción. También salían chicas con las tetas al aire en algunas viñetas. Para ti, dijo, quédatelos, un regalo; de Pepito.

En invierno le perdía el rastro, alguna vez lo veía de lejos, entrando o saliendo de algún bar, pero prácticamente no nos veíamos ni hablábamos; no coincidíamos.

Su madre era muy mayor, pero también bajaba al parque en verano. Siempre iba de luto. Una noche vi que la dejaban sola en un banco, mi madre y Juani la dejaron sola y ella se quedó ahí, en una postura extraña. Luego se levantó y se fue con su hija, yo me volví con mi madre a casa. No sé dónde fue Pepito.

¿Qué hacía la madre de Pepito, mamá?
Mear, hijo, mear.
Me contó que la madre de Pepito solía apartarse las bragas a un lado y mear en la oscuridad del parque.

Hacia el final, antes de dejar de bajar al parque por las noches, se meaba encima, directamente. Creo que ella también bebía, pero no lo recuerdo bien.

Un verano Pepito no apareció y yo pregunté a mi madre.
Me dijo que estaba enfermo, en casa.
Pepito, dijo, está muy mal. Es posible que no vuelvas a verlo.

Lo último que recuerdo es que Juani le dijo llorando a mi madre que Pepito, al morir, parecía Jesucristo. Todo huesos, decía, todo huesos y una carita de paz.

Con una sonrisa, decía, se ha ido con una sonrisa.
No la vi pero sé cómo era.

Aquel verano dejé de ir al parque.
Al tiempo lo quitaron, para hacer una carretera.

He conocido otros borrachos, pero ninguno era como él.
Había algo inocente en su forma de reírse, fuerte, con la cabeza hacia atrás, buscándome con los ojos al recuperar su postura.

El vino le manchó los dientes, pero no la sonrisa.

Era mi amigo cuando yo tenía once años. Me contaba cosas y yo a él. Nunca me trató como a un niño ni yo a él como a un borracho.

Es más de lo que puedo decir de mucha gente.

9 de Junio 2010

María

Siempre he dicho que, si tuviese una hermana, serías tú.

Porque siempre que te necesité, me cuidaste, a mí, que no llevo tu sangre, como si fuésemos una sola cosa.

Porque pudimos haber echado algún casquete y preferimos querernos de otra forma, más para toda la vida, como se quieren los hermanos que se entienden y saben a quién tienen delante.

Porque supiste que debajo de mi locura había alguien bueno.

Porque compartiste tus cosas conmigo y yo puse las mías en tus manos y nunca jamás me hiciste daño ni, espero, yo a ti.

Porque yo compartí tu alegría y tu compartiste la mía y fuimos justos haciendo lo mismo con las cosas malas.

Porque cuando enfermé por todo el daño que me habían hecho tú estabas allí cuidándome, literalmente.

Porque intentaste darme soja para que comiese más sano, y unos polvitos que parecían colacao.

Porque los dos nos reímos de lo nervioso que se ponía algún rollete tuyo al verme danzando por tu casa.

Por el Ommmm y todo lo rarito que siempre hemos podido compartir sin pensar que estábamos firmando una nota de ingreso en el psiquiátrico de la exclusión social.

Porque mi vida ha sido más grande al conocerte y porque, aunque no nos mole ponernos ñoños, sé que los dos nos queremos más que mucha gente que se lo dice todos los días.

25 de Enero 2009

Pum

La gente no sabe matarse.

El año pasado uno de mis escritores favoritos se suicidó. Sufría de una depresión crónica, un problema químico, y los medicamentos que tomaba le crearon una serie de efectos secundarios que agravaron su estado y le obligaron a dejar el tratamiento.

Pidió ayuda, porque no se veía capaz de contener su instinto de autodestrucción y la gente apeló a su fuerza de voluntad y su capacidad para sobreponerse al asunto, en lugar de internarlo en algún centro donde pudiesen ayudarle o, al menos, tenerlo bajo vigilancia.

Así que decidió hacerse una corbata un tanto especial y se dio matarile por las bravas.

No voy a opinar sobre si está bien o no quitarse la vida, pero sí que diré algo que considero vital (nótese el sutil juego de palabras) a la hora de quitarse de en medio:

Hay que hacerlo bien.

Con ello no me refiero a que sea �??rápido e indoloro�?�. Seguramente el escritor del que hablo quiso atrapar cada detalle de sus últimos momentos, no huir de la muerte sino afrontarla en toda su magnitud, por ello escogió una de las formas más dolorosas, lentas y jodidas de forzar el adiós a uno mismo. (No olvidemos que los ahorcamientos caseros normalmente no rompen el cuello de los usuarios del sistema, por lo que la muerte resulta lenta, lenta de cojones; para que uno no se pierda ni el copyright de los créditos finales.)

He de confesar que, por comparación, me parto la caja con todos esos atormentados adolescentes que dicen querer suicidarse y se cortan las venas en todas las direcciones menos en la correcta. Por otra parte existe un mito acerca de lo �??dulce�?� que resulta desangrarse en una bañera llena de agua caliente, cuando la realidad es bastante distinta, o al menos eso cuentan los que han sobrevivido a la experiencia.

Pegarse un tiro en la frente con una escopeta de doble cañón, como papá Hemingway, es harina de otro costal, y quizá tenga mucho que ver con el tipo de carácter que te hace pasarte la vida corriendo delante de toros, cazando leones en África, intentando partirte la cara en el ring con rivales más fuertes o metiéndote como corresponsal en toda guerra donde las posibilidades de cazar un par de tiros, así en plan tierno, estén unos cuantos puntos por encima de bastante altas. Cuestión de carácter, como he dicho.

Lo de llenarse los bolsillos de piedras y hundirse en el río, como hizo virginia Woolf, es, como mínimo llamativo. Las mujeres juegan en otra liga, y si a eso le sumamos síndrome bipolar, la ecuación se nos queda más o menos despejada. Adiós, mundo cruel, glu, glu, y todo eso.

Mi amigo Pablo, que también tenía síndrome bipolar, afirmaba, incluso en sus momentos más lúcidos, que él no había pedido estar aquí; ni le gustaba la vida, ni la gente, ni el rollo que tenemos montado en plan virus inunda aceras. Así que, en lo que según su madre fue una de sus mejores épocas, decidió decir hasta aquí hemos llegado, chatos, y se cortó el cuello, esperó a sangrar al menos hasta mitad depósito y después saltó por un balcón, asegurándose de que ningún toldo lo frenase y de que ningún transeúnte le hiciese compañía en su trayecto a la nada.

Y, como dije antes, sin entrar a valorar si quitarse la vida está bien o mal, creo que hay una gran diferencia entre hacerlo con cierta destreza y ser un jodido chapucero.

Quizá os preguntéis a qué cojones viene todo esto, y la respuesta es sencilla.

El otro día me enteré de que un amigo decidió acabar con su existencia y no se le ocurrió mejor manera que hacer estallar su casa con él dentro, sin pensar en que la susodicha casa está incluida en una finca donde, fíjate tú, vive más gente.

Así que, os podéis imaginar qué pasó; cinco de la madrugada y la pared que separa su hogar de la calle (vive en un primero, un bajo) se volatiza clavándose en la finca de enfrente. El pum, de paso, le jode las orejas al vecindario y le pega un susto de puta madre a la señora del tercero que, para que veas lo que son las cosas, está preñada de ocho meses. A eso le sumamos la fiesta del A Ver Quién Aspira Más Humo, todo un clásico en este tipo de situación, y ya tenemos, trazo arriba trazo abajo, la imagen general del evento festivo que a mi colega le dio por montar para darse matarile.

Y en medio de todo el mogollón, el maestro de pista tambaleándose y saliendo por su propio pie, rollo fantasma de la ópera, con el jeto a la barbacoa y las manitas chuscarradas, vivito y coleando.

A la suerte a veces le entra la risa tonta y sonríe sin venir al caso.

Lo que tienen de jodido las quemaduras es que, en un primer momento, no te dejan K.O, pero en cuanto el tejido carbonizado comienza a soltar su mierda en tu riego sanguíneo la cosa se complica, así que tengo pendiente una visita a la unidad de cuidados intensivos y ello me plantea un pequeño dilema moral, ya que por mucho que uno pueda querer a sus amigos, no es muy dado a reírle cierto tipo de gracias y, por duro que me pueda resultar pensarlo, y escribirlo, no me cabe duda de que mi amigo quiso quitarse de en medio y de que el método escogido fue una chapuza temeraria y peligrosa para el entorno.

Todo el mundo apela a la piedad, a la comprensión y demás jeringonza en este tipo de situaciones, y sí, me hago cargo de todo lo que pueda haberle llevado a decidir quitarse la vida, más que nada porque estoy al tanto de casi todas sus miserias personales, que no son pocas, pero no estoy de acuerdo con el método escogido, quizá porque tengo mi propia opinión formada sobre cómo deben hacerse cierto tipo de cosas, y aunque me alegro mucho de que esté vivo, su elección me hace plantearme ciertas dudas acerca de su calidad humana, lo cual me hace aceptar lo glacial que es la mía, que quizá esté por debajo de las expectativas de todos los que tienen el corazón lleno de piedad por las personas que hacen explotar su hogar en mitad de la noche, pero así está el tema, y con eso hay que vivir. Cada uno tenemos lo nuestro.

Porque, si me pregunta, tendré que decirle la verdad, y la verdad es que, si querías matarte, colega, tenías otras mil formas; porque quizá en mi monstruosa visión del mundo existe un abismo entre ser un suicida y un asesino en potencia, y por mucho que te quiera, tío, te acabas de caer en el segundo saco, y no sabes lo que me jode, después de todas las conversaciones, de todo el esfuerzo, tuyo y nuestro, tener que aceptar que ahora estás ahí.

Y que nada puede cambiar eso.

12 de Julio 2008

En este bar

Llevo mucho tiempo sentándome en ese bar.

El camarero, sobre el que escribí hace años, suele darme la mano al entrar y se empeña, el muy cabrito, en no cobrarme los cafés.

A la próxima, dice.

Aunque ya no vivo en ese barrio me gusta pasarme de vez en cuando, sobre todo si estoy solo y sin ningún plan a la vista. Es el mejor sitio que conozco para tomar un café mientras leo los periódicos del día.

Mi nuevo barrio está lleno de bares y sitios donde tomar algo, sin embargo en ninguno me siento tan cómodo como en este. Será la costumbre, o vete a saber.

Lo de este bar fue, durante cuatro años, casi de ritual; entrar, saludar, pedir café, atrincherarme con un periódico, terminarlo, hacer una rápida incursión para coger otro, volver a la trinchera, leerlo, pagar -si me dejan-, y marcharme a escribir.

Como ya he dicho no he sustituido esa rutina, así que de vez en cuando me gusta revivirla.

Hoy entré, saludé, estreché la mano de mi camarero (porque sí, porque después de tantos años ya es mi camarero y, aunque sirva a otros clientes, le perdono, porque no soy un cabrón celoso, sino un cabrón a secas) y me pedí un cortado.

El periódico libre era de esos que caen para la derecha, así que me lo ventilé esperando que el otro, en manos de un señor mayor, quedase libre.

Tengo una costumbre con los periódicos:
Me leo al menos dos, uno más conservador y otro que crea serlo menos. Después intento imaginar qué es lo que ninguno de los dos me está contando. Es casi un hobbie y tengo libretas llenas de apuntes, titulares comparados, etc. Tampoco profundicéis demasiado, porque no es sano y hay cosas más divertidas como jugar a la Playstation o darle patadas a un balón.

El caso es que el señor mayor terminó su periódico y yo lo cogí y empecé a leer.

Como ya me había terminado el cortado pensé en pedirme un café, pero abandoné la idea porque los sábados, de alguna forma, intento darme tregua.

Con los cafés tengo otra costumbre:
Pido café con leche si estoy en son de paz, cortado si estoy activo y dispuesto a saltar a la yugular de la primera estupidez que se me cruce y café solo si tengo ganas de cargar contra algo, pasándole por encima sin importar a quién me lleve por delante. Llevo casi un año sin pedir café con leche, pero el número de cafés solos también ha descendido, así que lo considero un avance personal hacia la templanza que Democrito y Buda aconsejaban para ser un buen miembro de la comunidad.

Coñas personales mías con la indulgencia hacia el prójimo que está pidiendo a gritos que le den lo suyo.

A mitad periódico, cuando me estaba aburriendo de leer sobre la estúpida fiebre del iphone de los cojones, que me hace desear una cafetera para mí solo y una buena bayoneta, me he dado cuenta de que era el tipo más joven con un periódico en las manos.

No el más joven, ojo, sino el más joven con un intento de información en las manos.

Anda la leche, he pensado, pues va a ser verdad que uno se hace mayor.
Dentro de nada empezará la disfunción erectil, seguro.
Auxilio, socorro y todo eso.

Así que he empezado a leer más despacito, para hacerlo durar más, y a observar quién cogía el periódico. Curioso como soy, lo he terminado y lo he soltado en la otra mesa, por aquello de ampliar el abanico de elección y ver qué pasaba.

Lo ha cogido un señor mayor.
Otro señor mayor.
Otro más.

Bueno, me he dicho, igual es que los chavales van con colegas y no es plan de ponerse a leer el periódico, claro que eso se me ha caído al suelo enseguida, porque algunos grupos leían los de deportes y otros tres chicos estaban ahí solos, tomándose algo, sin cara de estar haciendo nada. Simplemente mirando al vacío, al plato o a la tele, que casi siempre tiene sintonizado un canal de música.

A ver, repaso mental, la tira de tiempo leyendo periódicos y ahora te das cuenta de que todos los que están cogiéndolos te sacan al menos diez años. Joder, igual no eres tan buen observador como crees, ¿y estos chavales no son más mayores de lo que tú eras cuando empezaste?, ¿no les interesará echar un vistazo?

Igual son de los que dicen "yo es que no me creo nada", y eso, lo de no creerse nada, es muy respetable, pero claro, siempre he pensado que para no creerse algo primero te lo tienen que contar, así que algo no me cuadra.

Y entonces he pensado en algunas amigas que estudian periodismo, que están ahí dándole duro para poder informar algún día. Informar sin deformar, que decimos cuando hacemos coñas sobre el tema, y me ha dado un poco de cosa por ellas.

No vais a tener público de vuestra edad, guapas.

Al final, he decidido que habrá sido la puta casualidad, que seguro que a lo largo del día un montón de chavales de veintipocos años se leerá los periódicos y tratará de escudriñar lo que hay detrás de los titulares, que algunos incluso lo harán de manera continuada, como forma de entrenar su sentido crítico, de establecer comparaciones y ver cómo una sola palabra puede cambiar el significado de todo un texto, de observar cómo les intentan vender una determinada versión de los hechos, un mapa muy distinto al terreno que en realidad pisan. Cómo unas montañas pueden parecer más altas que otras, aunque no lo sean, en base a cuánto se hable de ellas.

Seguro que a lo largo del día se informarán tanto como puedan y luego serán unos individuos a los que será jodido tomar el pelo y con los que se podrá hablar de casi todo sin tener que escuchar gilipolleces que inviten a la nausea.

Contento con esta forma de autoengaño, que me ha durado tres minutos, todo un record personal, me he despedido de mi camarero, que me ha invitado, no sólo al cortado sino a pasarme más por allí.

Y sí, creo que voy a recuperar la costumbre.
Porque hoy, por primera vez, he sentido que puede perderse.

10 de Febrero 2008

Esperando

Ella está en el supermercado, así que yo paseo a la perra.

Los niños se paran y le acarician la cabeza.
Sonrío y no digo nada, salvo algún sí ocasional cuando me dicen que es como el perro de Scottex. Estoy seguro de que corriendo por su pasillo con un rollo de papel higiénico entre los dientes no les parecería tan adorable, pero eso no se lo cuento.

Ahora soy un tío majo.

Por la noche me quedo mirándola hasta que se duerme. Si apago la luz antes, empieza a corretear y a golpearlo todo a oscuras, así que me quedo sentado en la cama y espero.

Mi novia se queda dormida, pero la perra continúa mirándome, así que sigo allí, sentado, esperando. De vez en cuando le acaricio el lomo y le rasco detrás de las orejas.

Buena chica.

Pienso en todas las cosas que he pasado para llegar a este momento. En lo que significa estar aquí, con una mujer que vale la pena durmiendo a mi espalda, con una perra a mis pies y con mil cosas que me motivan entre las manos. También pienso un poco en qué viene después y sonrío, porque al fin se ha quedado dormida, y porque nadie, salvo yo, sabe en qué estoy pensando.

Me meto en la cama y, al hacerlo, despierto a mi novia.
Me pregunta si ha funcionado y le digo que sí.

La perra está dormida.

Me dice que tengo una manera rara de hacer las cosas y me besa.
Después, haciendo el amor, despertamos a la perra.

Es divertido volver a empezar.

23 de Agosto 2007

Hago esto

Te envío un cascarón frío y muerto, una película sin banda sonora, y aun así, mirando imágenes, leyendo labios, a veces adivinas lo que intentaba decir.

Y me llamas artista.

Quizá algún día haga otra cosa, algo más inmediato, algo que pueda darte en el acto, cualquier cosa por la que no me llames cosas que no soy.

Como un beso.
O un abrazo.

Hago esto, ahora, y significa algo.
Luego sólo son letras muertas.

No puedo darte la cosa real porque es sólo este momento, ¿Entiendes?
Tú ves un cadáver, negro sobre blanco, al que nunca sé dónde enterrar.

Eso es lo único que te doy.

Restos.
Despojos.

Algo que sólo está vivo mientras le doy vida. Sólo entonces. Ni un segundo más.

Y me llamas artista.

¿Qué tiene de especial enseñarte las cosas que mato para seguir viviendo?

11 de Junio 2007

Oxi

Llego tarde y, como es pronto, espero sentado de pie.

Limpio la humedad seca de mis labios, ensuciándolos. Me río, muy serio, mientras amanece la noche. Toda la luz oscurece el pequeño paisaje sin límites de este interior tan externo. Algunas gotas se secan, mojándolo todo. El frío cálido me recuerda qué voy olvidando. Decido empezar a quedarme quieto y llego al otro lado, justo en el mismo sitio. Demasiado para algunas cabezas siempre es poco.

Así que digo la palabra, en silencio:

Hola.

Todos oyen.
Nadie escucha.

Me parece bien verlo mal.

16 de Mayo 2007

Mi antorcha de cumpleaños

Esta ciudad es una mierda.
El primer artículo que publiqué empezaba con esa frase.

La revista estaba a cargo del ahora fallecido Victor Orenga y la sección que me asignaron se llamaba reflejos nocturnos, o algo así.
Tenía que escribir sobre sitios donde ir a divertirse, así que hice un par de bocetos y los deseché.

Demasiado formal.

Al final me pareció más conveniente jugármela y empezar explicando a los lectores por qué tenían que divertirse.

La cosa quedó más o menos así:

�??Tienes que divertirte porque vives en una ciudad donde se construyen atracciones con tu dinero y luego se te pretende cobrar una cantidad insultantemente elevada por entrar.
Tienes que divertirte porque vives en una ciudad donde algunas personas confunden educación de calidad con educación impartida por supernumerarios del Opus Dei.
Tienes que divertirte porque vives en una ciudad donde nunca podrás comprar un piso, a no ser que estés dispuesto a pagar durante 20 años una cantidad tan absurda que sólo podrás afrontarla enamorándote, por cojones, y compartiendo gastos. Un sueldo para recibos y otro para sobrevivir.
Tienes que divertirte porque te tienen cogido por las pelotas, y siempre es bueno tener un respiro, aunque, al final, la piches sin haber podido vivir del todo; demasiado ocupado llenando sus bolsillos e ignorando cómo todo se va al garete.
Hay más motivos para divertirse, pero, como me dicen que te escriba un artículo y no una enciclopedia en varios volúmenes, tendrás que conformarte con los que te he dado.
Como habrás adivinado me han pedido a mí que te lo cuente porque soy un tío simpático; optimista y esas cosas tan chulis que son el credo de la nueva generación de jóvenes Hilfiger. Un encanto, vamos; pregunta a quien quieras.
La cosa está en que, a esta ciudad, le pasa un poco como a cualquier grupo de gente:
En general son una basura pero, aislados, uno a uno, a veces valen la pena.
Así que eso es lo que voy a hacer, hablarte de esos elementos aislados, de esos sitios que hacen que uno olvide donde está y lo que le espera.
Te diré donde están, te hablaré un poco de ellos y luego ya es asunto tuyo, como todo lo demás.�?�

Después de eso hablé de dos de mis locales favoritos, y poco más.
Esperaba que me lo censurasen o algo, pero al final lo publicaron.

Aunque creo que cambiaron el título.

Os cuento todo esto porque el lunes pasado fue mi cumpleaños y, no sé por qué, mientras estaba tumbado en la cama viendo la primera temporada de Twin Peaks con una preciosa chica sureña a mi lado, sin venir a cuento, me acordé de aquel artículo.

Supongo que cuando cumples años las cosas que hiciste los cumplen también.

Ha llovido mucho desde que publicaron aquello. He pasado por otras revistas, otras editoriales, por otros trabajos relacionados con escribir y, al final, esto se ha convertido en algo que, además de darme muy buenos ratos, me aporta un dinerillo.

Y todo empezó con aquella frase, en aquel primer artículo.

Esta ciudad es una mierda.

Mirando atrás uno ve la cantidad de cosas que han cambiado, a nivel personal, a nivel político, a nivel local, y, sin embargo, cada una de las palabras que escribí en esa introducción sigue siendo cierta.

�??Plus ça change et plus c�??est la même chose�?�
Estos franceses son la leche.

Claro que podría haberlo dicho de otra forma:

Podría haber dicho que esta ciudad es como una enorme falla; una estructura hueca que simula una solidez que no tiene.

A cualquier precio.

Un circo de eventos religiosos de los que a este paso nunca sabremos el coste, de Copa América, con todo lo que conlleva y con lo que vendrá después, de Circuitos Urbanos de Fórmula Uno, de especulación urbanística, de lucecitas, de atracciones y de jeta, de mucha jeta.

Una jodida explosión de fuegos artificiales que te hace mirar al cielo con la boca abierta, apartando tu vista del suelo; de las cosas reales.

Echa un vistazo a nuestros puentes si no captas la idea.
Debajo de ellos, para más señas.

Lo que parecen haber olvidado los fans del todo por la pasta, los amigos del antes muertos que sencillos y que pague el del fondo, es que las fallas están ahí para arder y que, cuando están bien construidas, se colapsan sobre sí mismas. Aunque, visto lo visto, no creo que esta queme bien. Tanta capa de pintura para disimular una estructura pobre y cada vez más cargada no debe ser buena.

Pensé en esto durante unos instantes y luego seguí abrazado a la niña sureña, viendo cómo al agente Cooper le pegaban cuatro tiros en Twin Peaks y pensando dónde demonios venderán antorchas de tamaño familiar. Comenzando a sospechar por qué nadie me regala una.
Cabrones.

En cuanto tuve ocasión le eché un vistazo al artículo original y lo leí un par de veces.

Esta ciudad es una mierda, escribí. Sí.
Y me pasó lo que nos pasa a todos los que empezamos a escribir.

Que me quedé corto.

6 de Abril 2007

Fiesta del Taller de Escritura

Cuando comencé a coordinar el Taller de Escritura Creativa supe que habría momentos como éste, como el de esta noche.

Sin embargo ha sido hoy cuando, por fin, lo he disfrutado.

Cuando los he visto creando. En esa mesa donde damos las clases, cumpliendo un objetivo tras otro, entre risas, con algunos momentos de cansancio, con una parada para cenar que casi echa abajo las ganas de continuar escribiendo. Hasta que los bolígrafos volvieron a las manos y las ideas volvieron al ambiente. Hasta que las trajeron, como han aprendido a hacer.

Ver a cada uno de ellos escribir durante cinco minutos todo aquello que les pasaba por la cabeza, sin detenerse, y comentar en voz alta los resultados, examinando con cuidado qué estrategias conscientes o inconscientes siguieron para cubrir el objetivo.

Ver a los seis partir del mismo material, dos palabras, y construir seis relatos distintos.

Verles escribir y pasarle la hoja al de al lado, dándole tiempo a leerla para lanzarse a completarla, girando hasta que haya pasado por todos.

Leer el resultado final y morirnos de risa, asombrados, contentos.
La fiesta del taller de Escritura Creativa.

Y yo allí, a su alrededor, matizando ideas, proponiendo soluciones y formas de encarar el ejercicio, interviniendo lo menos posible.

Viéndolos solos ante una hoja en blanco que ya no les da miedo.

Orgulloso de ellos.

6 de Noviembre 2006

Formas

Está escrito en una pared, cerca de un campo de fútbol, de camino a la escuela de música donde trabajo.

�??Nuestros sueños no caben en vuestras urnas�?�

Letras verde amarillento, un par de tonos por debajo del fluorescente, la pintura demasiado líquida.
Llamativo pero poco definido.

Son los bordes, pienso, esos contornos goteando. Si fuese rojo parecería una película de terror.

Mensaje válido, forma incorrecta.

Me recuerda tantas otras cosas que me quedo allí de pie, mirándola; una idea aplastada contra una pared.

Cuestión de formas, digo en voz baja.

Y sigo andando, con las manos en los bolsillos.
Pensando en ello.

15 de Octubre 2006

Sexo duro y sincero

Atentos a la descripción:

�??Película tan especial como valiente para aquellos a los que les gusta el sexo duro y sincero�?�

Vale.

Vas a dar de alta una película X y la coges bocabajo. En vez de mirar las fotos, que es lo normal, te da por leer el texto de la contraportada.

Cuando, desconcertado por su contenido, miras las fotos el mundo ya ha dejado de tener sentido.
�??sexo duro y sincero�?�
Claro.

Estamos hablando de una película titulada El Follagallinas, por el amor de Dios, ¿Qué me estás contando?

Estas cosas me hacen pensar que el Apocalipsis está, como mínimo, a la vuelta de la esquina tomándose un café.

Lo de �??sexo duro�?� lo entiendo. No por el tipo de la portada, que parece un cantante flamenco de baja difusión en gasolineras, sino porque debe ser duro, la hostia de duro, perseguir gallinas por el corral.

No sé qué pensará el koala de todo esto, pero es fácil que se pronuncie al respecto en cualquier momento.

Si hacemos caso a la explicación de la contraportada, que es cerrada con la descripción que puse al principio, la persecución no se da sólo en un corral, sino en varios corrales distribuidos a lo largo y ancho de toda la geografía de Brasil.

Y, además, en ciclomotor.
Ahí es nada.

Lo de �??sincero�?� es lo que no termino de pillar.
¿Cómo se le dice a una gallina que es sólo sexo?
¿Acaso se refiere a la sinceridad del sentimiento que despiertan sus plumas?

Lo de �??valiente�?� voy a dejarlo correr.

He de confesar que películas así me superan intelectualmente,

El Follagallinas.

Las tortillas nunca volverán a ser lo mismo después de esto.
Sigh.

17 de Septiembre 2006

LSD

Lo siente dentro.
Licuando su densidad, liberando sentidos demonizados.

Lázaro siendo devuelto.

Locura sin degradar, líneas, señales, direcciones.
Lee síntomas dramáticos, los siente desvanecer; largas soledades desaparecen. Labios saborean disyuntivas, las sienten. Despacio. Líneas sin división. Luces sensoriales doblegándose. Lecciones sobre dominio.

La sinestesia divina lanza sus dados.

Los sentidos, diáfanos.
Lenguaje, sin denigrar.
Loco, siempre demostrándolo.

La sentencia dice:
¿Locura?
Se da lentamente sobre destinos ligeros.
Sordos.
Destruidos.

¿Lo sabes? Dilo.

7 de Agosto 2006

Tocar Fuera

Una de las cosas que más me gusta de tocar fuera de mi ciudad es comer en sitios distintos.
No por la comida, sino por poder observarlo todo mientras como.

Las inflexiones de la voz varían según el lugar, los ruidos de bar no son iguales en todas partes; cada sitio tiene su propio ritmo. A mí me gusta encontrarlo y bailar con él.

Cada uno tiene sus hobbies.

Dejar las manos bajo el grifo del baño, en la habitación del hostal, y sorprenderte de lo fría que puede estar el agua en Agosto, si estás en Cuenca.

Mirar hacia arriba y ver un jodido montón de estrellas, de las que hace tiempo que no ves porque en tu puta ciudad la contaminación lumínica lo tapa todo y sólo te deja ver unas cuantas. Pararse en medio de una procesión de gente que va del concierto a la discoteca local, mirar al cielo intentando no caerte, porque el whisky y tú os habéis reencontrado tras una larga ausencia, y decir:

Me cago en la puta, si todavía estáis ahí arriba.

Ver caras que no conoces mientras cantas canciones que has escrito tú. Pequeños trozos de ti. Dar lo más íntimo a completos desconocidos, por el simple placer de hacerlo.

Disfrutar de la sonrisa de tu gente en un contexto totalmente distinto.
Sorprenderte de que alguien deje lo que está haciendo y se ponga a aplaudirte en una prueba de sonido.

Sentir una brisa que no es la misma que te acompaña siempre y flirtear con ella.

Juntar dos camas y dormir cruzado en horizontal con tus músicos, haciendo bromas sobre escapes nocturnos de gas intestinal, posibles palizas de represalia y empalamientos vengativos utilizando un mástil de bajo sin lubricar.

Levantarse y reírse por no saber si eso que te estás tomando es el desayuno, el almuerzo o la comida.

Observar una legión de chicas vestidas para matar y ver como alguno de tus músicos contiene el aliento, mientras tú te ríes porque sabes qué clase de burrada está pensando. Porque reconoces todas y cada una de las actitudes que ves a tu alrededor y descubres que siguen sin interesarte las máscaras.

Fijarte en una chica bonita que lleva escrita en la mirada más vida de la que le cabe en el cuerpo, observar a su hija cogerle las manos, en un lugar donde se supone que no debería estar, a unas horas en las que no debería andar despierta según una amplia mayoría. Dejar de mirar a su hija y mirarla a ella otra vez, descubrirle mirándote, esbozar una pequeña sonrisa mutua de reconocimiento, echar un vistazo al hombre que no te gusta en absoluto, seguramente el padre de la niña, y seguir bailando, disfrutando de existir durante algunos momentos en un lugar que no tiene nada que ver contigo.

Llegar al hostal de madrugada, borracho y muerto de hambre, con la cocina ya cerrada y conseguir un bocadillo de jamón y queso como tu antebrazo, sabiendo, después de habértelo comido, que te vas a acordar siempre de lo bueno que estaba.

Hablar de Buda y sus discursos con tu guitarrista mientras tu bajista se ducha y enumera las cualidades positivas de esa habitación y su cuarto de baño. Tu bajista, ese gran personaje que estás aprendiendo a querer por momentos como este.

Perderse por carreteras locales y bromear sobre pueblos fantasma, asesinos en serie y películas de serie B donde los viajeros perdidos terminan corriendo delante de un tipo con motosierra.

Observar cómo te observa la gente de los lugares por los que vas pasando.
Observarte observarlos.

Este soy yo, aquí, sentado, atrapando este momento, usando los cinco sentidos con toda la intensidad que puedo. Sin poder evitar que todo esto termine convertido en un simple recuerdo.

Me gusta salir a tocar fuera de mi ciudad, ver gente distinta, escucharles hablar antes de hablarles. Vivirlos como la cosa única e irrepetible que son.

Cada uno tiene sus hobbies.
Este es uno de los míos.

26 de Julio 2006

Fotos de las actividades de la Cacophony Society Valencia durante la visita del Papa

La Cacophony Society Valencia tarda en mandar comunicados, pero al final los manda.

Aquí tenéis las fotos de la movida del Papa de marras:

http://www.flickr.com/photos/archerphoto/sets/72157594192912132/show/

Gracias a todos por plantar cara de la forma más divertida posible a Las Hordas Invasoras del Emperador Vaticano.

Que una inexistente entidad antropomórfica con barba y un triángulo sobre su cabeza os lo pague con sexo desenfrenado y sin tapujos.

Si no os gustan los gordos omnipotentes que sea una chica o chico de vuestro agrado el que os gratifique, en vez del tipo de la barba.

O varios especimenes simultaneamente, vamos, el caso es que os lo paguen.

Besos y cosas,

Sr Jazz
Departamento de felicitaciones absurdas, Cacophony Society Valencia.

9 de Junio 2006

[Activism] Metáfora

Imagina que todos nos infectamos con un virus.

Imagina que unos generan anticuerpos y otros sucumben a él.
La gente que genera anticuerpos tiene dos opciones:

Viven felices de tener anticuerpos, de que el virus no les afecte, y se construyen una vida lo más comoda posible o intentan por todos los medios usar su sangre para que, mediante transfusiones, los demás también tengan defensas.

Piensa en ello.

P.D: Esta es la metáfora básica, podríamos ampliarla y sugerir que, de expandirse demasiado, esos anticuerpos en un momento dado podrían convertirse en una nueva infección, para la cual alguien debería generar nuevos anticuerpos que volverían a expandirse, y así hasta el infinito. Pero no vamos a complicarlo, se trata de coger la idea. De momento así es suficiente. Sólo piénsalo.

28 de Mayo 2006

28-5-06

Hoy sería su cumpleaños, si aún estuviese viva.

Estaba pensando en ella y he caído en la cuenta de todas las cosas que nunca llegó a ver. La relación que más completo me ha hecho sentir sucedió justo después de su muerte, así que no la conoció. No pude hablarle de lo feliz que esa chica me hizo, de qué se siente cuando sabes que entre esos brazos está tu sitio, no puedo contarle que dentro de unas semanas ella cruzará media Europa y pasará unos días aquí, conmigo. Dormía a mi lado el día que mi madre murió. Unas cosas nacen, otras mueren y en medio vamos tirando.

Tampoco me leyó. Nunca pude contarle que una editorial de Barcelona me encarga alguna cosa de vez en cuando, ni me llegó a ver trabajando para revistas, ni leyó ninguno de mis relatos ni los artículos que he publicado aquí y allá. Conociéndola, hubiese intentando aprender a usar el correo y el navegador para leer mis cosas. Llevaría ejemplares de la revista siempre encima y quizá una copia del libro de relatos donde incluyeron uno mío. Sé que hubiese exagerado, como hacía siempre, y sé que habría terminado dándome dolor de cabeza, como cada vez que venía a verme cantar con el grupo de jazz y pasaba los tres días siguientes hablando de lo bueno que era. A mí y al resto del mundo, quisieran o no quisieran escucharla.

Nunca entendió que ese tipo de cosas me molestasen.

El caso es que echo de menos ese dolor de cabeza, enfadarme con ella por ser tan pesada; tener que decirle: déjalo ya, Mamá.

A veces nos gusta que alguien esté, aunque sea para no llevarnos bien con él.

Recuerdo nuestras conversaciones. De vez en cuando me sorprendo recordándolas. Nos lo contábamos todo, incluso las cosas que las madres y los hijos no suelen contarse, al menos por lo que yo sé. Eso marcaba algunas diferencias. A veces era una ventaja y a veces una desventaja, pero siempre era distinto a lo que veía a mi alrededor.

También tengo presentes los momentos terribles, la época en la que temí dejar de quererla por todo lo que iba ocurriendo. Parece que siempre aprendemos más de las cosas que nos hacen daño, y ella, con todo lo malo, me enseñó más que ninguna otra persona.

Siempre digo que nunca he conocido a nadie tan intenso en los dos extremos del espectro, el bueno y el malo, aunque a estas alturas lo de bueno y malo ya no tiene demasiado sentido para mí.

También me enseñó, involuntariamente, a saber reaccionar rápido bajo presión. Estaba enferma y nunca sabías por dónde iba a salir, ni cuándo, así que o fluías con lo que iba ocurriendo o te venías abajo. Recuerdo verla traer la cena por el pasillo y desplomarse de pronto. Los de urgencias decían que yo sería un buen médico, buenos reflejos, sangre fría y capacidad para aparcar las emociones y cantarles el historial de alergias e ingresos mientras ella se convulsionaba en el sofá.

La recuerdo llorando como una niña pequeña, la recuerdo riendo, la recuerdo abrazándome como si fuese la única cosa que tenía en el mundo y la recuerdo escupiéndome toda su rabia.

Me vienen a la cabeza sus momentos malos porque soy la única persona que los vivió casi todos.

La primera vez, que yo recuerde, no fue la ansiedad. Se había tomado un tubo de pastillas y tuve que mantenerla despierta mientras me ocupaba de avisar a la policía, a urgencias y a la vecina. Yo tenía siete años.

Mis padres contaban que una vez ella pasó mucho tiempo en el Hospital y que, cuando estuve delante, tras meses sin verla, no sabía quién era. Cuando al fin la reconocí le dije que estaba más flaca que la pantera rosa. Se rió. La llamé así una temporada.
Echo de menos llamarle así.

Me recuerdo de niño saltando sobre sus piernas, trepando por su vientre mientras ella me sujetaba las manos, jugando y riendo. También recuerdo que rompió, en uno de sus enfados, el que de pequeño fue mi cómic favorito. Hace poco lo vi en una tienda. No lo compré. Está roto para siempre.

La gente nunca comprende bien este tipo de cosas, sienten lástima, admiración, rechazo, intentan relativizar, ignorar, o cualquier otra cosa.

La verdad es bastante distinta a todo eso, pero escapa a lo que puede ser comunicado e interpretado en el sentido correcto. Hablar de ello es una de las partes más complicadas cuando alguien quiere entender quién es la persona que tiene delante y pregunta.

Sólo he visto una mirada que me diga que comprende, que es capaz de ver todo lo que se queda fuera de lo dicho, lo que realmente importa. Y dentro de unos días volveré a verla, durante un pequeño espacio de tiempo. Suficiente para compensar.

Tengo grabada la última vez que fui a casa de mi madre antes de su muerte. Ella estaba poniendo la mesa y miró al vacío un momento, se giró y dijo: Sé que he hecho muchas cosas mal y que no nos hemos entendido, pero creo que algo debo haber hecho bien, porque eres una persona especial.

Lo más parecido a una disculpa por mil cosas.
La acepté.

El siguiente recuerdo soy yo besando su frente. Ella ya estaba muerta.
Bromeé con su peinado el día de su entierro.
Ella lo habría hecho, y tampoco le habrían entendido.

Si aún viviese le llamaría a felicitarle el cumpleaños, le contaría que la chica que mejor se ha portado conmigo viene a verme y que eso me hace muy feliz, que he conocido personas que me han hecho sentir muy bien, pero no feliz del modo en que ella me hace sentir, y que su visita me va a alegrar mucho la vida. Seguramente quedaríamos para ir a comer uno de estos días a casa y así podrían pasar un rato juntas. Después hablaríamos de alguna tontería, y al final le diría que, con lo bueno y lo malo, con el cariño y la furia, fue una buena madre, aunque sea difícil de entender.

Pero no puedo llamar.
No hay nadie al otro lado.

25 de Marzo 2006

Punto de Cambio

Hablamos del silencio que vamos a guardar.
Explicamos que dejaremos de explicarnos.
Nos acercamos para decir que nos iremos lejos.

Son tantos errores.

Sólo espero recordar cómo se respiraba en la montaña.
Esta es más alta y ya no puede ser pospuesta.

Allá vamos.

2 de Febrero 2006

Física de Mostrador

1- Síndrome de polarización del cliente.

Supongamos un videoclub, con su correspondiente mostrador, sus películas y sus sufridos trabajadores.

El Dependiente, al encontrarse en la zona de películas (el otro lado del mostrador) se encuentra cargado de Videoclorianos�?�, que son unas pequeñas partículas que no deberías molestarte en buscar.
(Son pequeñas, sí, pero muy útiles a la hora de explicar determinados fenómenos, como se verá a continuación.)

Imaginemos que un Cliente se acerca al mostrador, con películas para devolver. Al poseer películas tiene una carga positiva de Videoclorianos�?�.

Es por ello que, encontrándose el Dependiente en una zona cualquiera del mostrador, el Cliente viajará al extremo opuesto y depositará allí las películas. Esto ocurrirá sin excepción, y tiene una base física de lo más sencilla, que encontramos también en el magnetismo:

Los polos iguales se repelen.

En caso de que hubiese dos Dependientes, uno en cada extremo, el Cliente depositaría las películas, invariablemente, en el puto centro del mostrador.

Si hubiese, además, un tercer Dependiente situado en el centro del mostrador, el Cliente decidiría que es mejor pagar retraso y ver las películas otra vez, por si no ha comprendido el final, marchándose sin dejarlas en ninguna parte.

Esto se cumple, sobre todo, si una de las películas es Japonesa y, según la crítica, profunda.

2- Excepción digestiva del síndrome de polarización del cliente

Como hemos visto, el motivo de que el cliente vaya al otro extremo a dejar las películas está directamente relacionado con la polarización de los Videoclorianos�?�

Pero existen excepciones.

Cuando uno de los dependientes está cenando, sus Videoclorianos�?�, debido a lo que el Doctor Samuel ha denominado Empatía Gástrica, vibran con otra frecuencia, y oscilan entre ésta y su frecuencia original; es decir, se descompensan.
Es por ello que, como recurso, tratan de atraer hacia ellos otros Videoclorianos�?� de carga positiva, para copiar su estructura magnética y recuperar de esta forma su configuración original. Para hacer esto tienden a emular cargas negativas de forma momentánea, es decir, invierten su polaridad.

(Ya se dijo antes que estas pequeñas partículas que no puedes demostrar, pero tampoco negar, daban para explicar muchas cosas.)

Y es por este cambio de polaridad por lo que todo Cliente cargado con películas para devolver se siente atraído, de forma inevitable, hacia el Dependiente que esté cenando en ese momento. No importa cuantos Dependientes haya libres en el mostrador, se dirigirá SIEMPRE al que esté cenando.

Todo esto son leyes inmutables y si crees que no lo son el comité científico que ha elaborado este informe está dispuesto a dejar una cabeza de caballo muerto en tus sábanas mientras duermes.

Sed buenos y entregad las películas en mano.

23 de Enero 2006

Tómate un respiro

Es un flujo de conciencia que quiero desordenar. No hablar de nada, tan solo dejar que fluya, que salga, que corra, que se enrede y vaya saltando.

Drogas, [ No lo digas, subrutinas de defensa subliminales asociadas a la idea predominante se activarán ] Las drogas ayudan.

Son "malas" porque hacen ondular la barrera que separa lo que ves de lo que hay detrás, debilitan el lazo significante significado, mueven la lente de su sitio, crean vacíos a los que dirigir una atención cortocircuitada y libre de modos preestablecidos de trabajar con las impresiones externas. Y entonces, si sabes mirar, tu mirada se cae y penetra en el suelo y se hunde, abajo, abajo.

Y entonces ves que TODO es mentira.

Todas esas cosas dentro de ti que no son tuyas y que te hacen creer que sí lo son, [ anfitrión de ideas parásito ] y luchas y las defiendes, y te enfadas con todo porque no sabes que tienes que enfadarte contigo, por haberte dejado violar así, por haberlo permitido; por dejar que te digan cómo tienes que ser y luego afirmar que nadie te puede enseñar, ni ordenar, eso.

Por mentirte, tarado, tarada, tengas lo que tengas debajo del pantalón, debajo de la falda, no importa; estás perdido, estás perdida, no tienes nada que hacer aquí salvo caer, caer y batir las alas, arriba, arriba, arriba, alimentar la máquina de dolor que mueve el mundo. Con tu consentimiento, con esa venda que llamas tú.

Así que cae, húndete, sal por el otro lado. Saluda al esquimal, boca abajo, como en los dibujos animados. Entra por un extremo y sal por el otro. Como una bala. [ Caballero, las balas que viajan al límite de su equilibrio no trazan lineas rectas, hacen zig zag, ¿hacemos el amor una vez más? ]

Artefacto semiótico de fragmentación del sentido. Reestructura la rebeldía, busca en los bordes de la conciencia, piérdete y vuelve a encontrarte, pero esta vez a ti. �?salo todo, lo que sea necesario, para comprender, para verlo de verdad, no para dormir tranquilo diciendo que ya lo has visto, no para dormir el sueño aprendido de una gran masa que caga, mea, folla y escupe sin conciencia de su alrededor más extenso. Lupas para micropenes, revistas y estéticas que masajean el ego y promueven la sensación de formar parte de algo más grande. Falsas cadenas rotas para falsas libertades alcanzadas. No hay nada más grande que tú porque está todo dentro, todo lo de fuera. Hazlo explotar, sácalo, quédate vacío, pon las cosas en el orden adecuado, la ausencia, sí, el silencio, sí, devuélvele al caos lo que es suyo.

Fúmate algo y empieza a trabajar en ello.

Pero primero, tómate un respiro.

13 de Enero 2006

Momentos

Hay pequeños gestos, pequeñas historias, que no van a ninguna parte.
No proyectan lineas de futuro, salvo las del recuerdo que serán después, y, sin embargo, le dan sabor a las cosas.

Un cruce de miradas que podemos recordar toda la vida, la sonrisa de aquel vagabundo, ese beso sin motivos que casi fue, esa chica que te miró mientras lloraba, esa noche extraña en la que todo acabó del revés; hastiado de risas.

Pequeños momentos, intensos, que saturan la existencia de una forma momentanea y después desaparecen para no volver.

Sin continuidad.
Sin significado.
Sin mayor trascendencia.

Sólo eso; momentos.

10 de Enero 2005

Los Quierópidos ( Para Sacha )

Los Quierópidos son unos pequeños homínidos de cabeza grande, vocabulario limitado y piernas cortas. Poseen una tendencia irrefrenable a la ambición momentánea, fruto del estímulo visual, cualquiera sea éste. En especial, muestran interés por cualquier cosa que vean poseída por otro Quierópido.

Como característica principal, y coincidiendo con los Marquímodos, no consiguen los objetos de su deseo por sí mismos, sino que actúan sobre sus progenitores para que estos satisfagan la petición.

No obstante, a diferencia de los Marquímodos, que exigen que los medios para conseguir el objeto del deseo sean suministrados, el Quierópido exige que sea el progenitor quien lo consiga de forma directa.

Si el progenitor no satisface con prontitud el deseo expresado el Quierópido entra en fase de llanto, seguida de rabia y, en algunos casos, revolcones por el suelo con pataleo y emisión de gritos sobreagudos.

Pueden hacer esto durante horas sin cansarse.

Algunos han desarrollado la habilidad de llorar, moquear, ponerse rojos, sudar y hacerse caca, al mismo tiempo.

La mayoría de estos Quierópidos acaba evolucionando hacia Marquímodos.

Existe una variante más silenciosa y estable del Quierópido, pero tiende a hacer preguntas inquietantes tales como: Mamá, ¿Qué es sagrado?

Se recomienda precaución.

31 de Diciembre 2003

Despedida al 2003


Bueno bastardo, parece que te acabas.
Creo que será difícil olvidarte; me quitaste la ilusión con la que te empecé de un modo bastante ridículo, te llevaste a un buen amigo, me hiciste marcharme a cientos de kilómetros a lamerme las heridas y, casi acabándote, me arrancaste a mi madre.
Pero como no soy un tío rencoroso te diré que también he sabido sacar lo bueno de todas las perrerías que me has hecho.
He crecido mucho dentro de ti y he aprendido un montón de cosas; entre ellas que ni tú ni veintisiete como tú pueden hacerme hincar la rodilla en el suelo.
Sólo yo tengo ese privilegio y, de todos los que pasaron, has sido tú quién me ha hecho verlo.
Así que gracias por eso.
También he disfrutado dando conciertos, más que otros años, y la cosa sigue por ahí. Tu sucesor pinta bien en ese aspecto; creo que será un buen año.
La verdad es que me has tocado bastante los cojones pero, llegados a este punto, creo que te echaré de menos.
Más que echarte de menos digamos que siempre me acordaré de ti.
Por cabrón y por inolvidable, todo a la vez.
Con todas tus perrerías has marcado muchas diferencias en mí.
No sé si fue tu intención desde el principio o simplemente ha sido el prisma desde el que he mirado las cosas lo que ha obrado los cambios.
Tus últimos regalos han sido buenos, todo lo positivo acumulado al final.
Espero que el cabroncete al que das el relevo no me toque los huevos y me lo quite todo como hiciste tú, mamonazo.
Aún así, ten un buen viaje y pásalo bien, donde sea que vayan los años que se acaban.
Siempre te recordaré.
Nos vemos en el olvido, un día de estos.

5 de Septiembre 2003

Ha sido un poco triste

No escribo esto en casa.
Después os lo haré llegar, como siempre. Me gusta compartir cosas con vosotros.
Estoy en uno de esos lugares que evocan recuerdos, tengo varios repartidos por toda la ciudad.
Hace poco me enteré de que voy a perder uno de esos sitios.
Para siempre.
Doce años de vivencias que me serán más difíciles de evocar, por no tener acceso al lugar donde acontecieron.
Una vez, hace algunos meses, os escribí sobre un árbol en el que jugaba en mi infancia. El año pasado volví a él y me subí.
Entendí entonces que lo que lo había hecho especial durante mi niñez era el hecho de que ahora, en el presente, yo estaba ahí subido; adulto y mirando hacia atrás, sonriendo al niño que fui y dejando que él me sonriera.
El tiempo ocurre todo a la vez, aunque lo percibimos de forma lineal. Esto último es un secreto; olvidadlo.
La cosa es que visitar los lugares que evocan recuerdos es agradable para mí.
Y voy a perder uno de ellos.
La tienda es de dos amigos, allí me he comprado casi todos mis comics; los que me conocéis sabéis que son bastantes.
He tenido muchas charlas interesantes en ese lugar, cuando estudiaba diseño pasaba allí mis almuerzos y, como no, alguna que otra clase.
Allí he conocido a dos de los adultos más interesantes con los que la vida me ha obsequiado.
Durante el año que viví al lado tuve muchas mañanas muertas que utilicé para conversar con Carlos y Vicente. Mis dos libreros, mis dos amigos.
Recuerdo el primer día que estuve allí con Isabel, una chica con la que compartí dos años de este caos que me traigo entre manos, ya sabéis, esta vida.
Ese día fue importante y esa tienda jugó su papel. Quizá otro día os hable de eso.
Recuerdo mis conversaciones, interminables, con Vicente.
Interesantes momentos que brillan con más fuerza, grandes palmeras en un estruendoso castillo de fuegos artificiales. Diálogos que te tocan, que no están vacíos; que cambian cosas dentro de ti.
Y mis dibujos; hay una carpeta llena de dibujos míos allí, algunos muy viejos.
Estoy intentando pasar algo más de tiempo en esa tienda, dentro de poco no podré ir más.
Son los últimos besos, el último adiós, un jodido entierro; como queráis verlo.
Los momentos son muy importantes para mí. Cualquier cosa que me ayude a recordar tiene un especial valor para el tipejo que os escribe estas cosas.
Quiero recordarlo todo, en mi último momento, cuando brille con fuerza, arda y me consuma quiero que todos mis momentos estén conmigo.
Algunos los tenía allí, en esa tienda.
Y, la verdad, ha sido un poco triste tener que ir a recogerlos

18 de Julio 2003

Posteando desde Escocia

Aquí el café es horrible.
La taza puede tranquilamente pasar por uno de esos cuencos para la sopa; no es lo mejor del país, sin duda, pero la luz, el color y las gentes compensan el mal café.
Escocia es un sitio bonito, realmente bonito.
Se me acaba el retiro amigos, en un par de días estaré volando hacia mi país, otra vez.
Alejarse, en el tiempo y el espacio, otorga perspectiva sobre muchas cosas, doy fe.
También ayuda un poco el poder abrazarse con antiguos testigos del tiempo, árboles situados en lugares que todavía retienen el poder que en su día los druidas, a fuerza de sacrificios, le dieron.
Conocer personas que, en pocas semanas, pasan a formar parte de tu propia historia, de esas a las que el alma no les cabe en el cuerpo.
Descubrir unas cuantas cosas mas sobre ti, como si no tuvieras suficiente, como si no estuvieras harto de estar harto.
Sentarse en las ruinas, ver como el sol se pone y respirar.
Simplemente respirar.
Voy a echar de menos este jodido sitio; aun estoy aquí y ya lo extraño.
Me estaba acostumbrando a que la gente me diera los buenos días cuando entro a un lugar, a tener conversaciones de las de verdad con personas de verdad en un idioma que no es el mío, en un espacio que no es el mío pero que de ahora en adelante siempre estará conmigo.
Echare de menos a esos jodidos cabroncetes que me han hecho la vida un poco mas difícil, sobre todo los primeros días; mi grupo de adolescentes neuróticos favorito.
Con sus travesuras, sus conversaciones, sus lagrimas y sus secretos me han hecho comprender muchas cosas acerca de los miedos y las esperanzas que todos llevamos dentro.
Quizá hoy me despida del verde.
Me sentare en la hierba, entre los árboles que he aprendido a respetar y les diré adiós.
Les dejare un poco de mi pena, para que no me olviden, y me llevare un poco de la alegría que, sin merecerlo, me han regalado.
Echare de menos este sitio, incluso el café.

31 de Mayo 2003

Para Pablo, esté donde esté

A sus veintipocos era una criatura única, con sus cosas buenas y sus cosas malas, como todos; o un poco más.

No había tenido demasiada suerte en el colegio, no se adaptó a hacer lo que le pedían justamente en el momento que se lo pedían y durante el tiempo que se lo pedían.

Me contaba muchas veces como en parvulitos la profesora les dio a todos papeles blancos y cajas de lapiceros.
�?l sacó inmediatamente los colores para pintar y la maestra le dijo que los guardara; eso le desconcertó.
Seguidamente la profesora les hizo abrir la caja de colores, el abrió la suya; después les hizo sacar los lápices y él pensó �??a pintar tocan, colega�?� y se puso a la faena.
No quería que pintara, la muy puta, hasta que ella me lo ordenara, me decía.
Te controlan desde niño, tío.

En el instituto no le fue mucho mejor, entre otras cosas porque un tipo aficionado al deporte, que no fuma ni bebe y que es abiertamente contrario a las drogas -quizá incluso demasiado- no puede hacer buenas migas con los bravucones de patio, que haberlos los hay en todas partes, por desgracia.
El hecho de que le saltaran un par de dientes de una pedrada le ayudó a decidir que aquello de la educación no era lo suyo.

Crisis de ansiedad, depresiones, psicólogos, medicación.
Eso fue lo suyo durante algunos años.

Encontró en la música una vía de escape, una forma para cagarse en todo ese mundo de mierda que no le gustaba y que parecía no tenerle demasiada estima a él tampoco.

Así llegó hasta mí.

Gradualmente pasó de ser mi alumno a ser mi amigo.
Sus problemas de salud eran constantes, muchas veces anulaba su clase de canto en el último momento porque una juguetona crisis de ansiedad le había cortado la digestión.

Poco a poco fue compartiendo conmigo sus odios, que eran, en realidad, miedos.

Nunca lo traté como a un enfermo, fui su amigo y discutí con él sus ideas, tratando de que viera otros puntos de vista, haciendo de abogado del diablo en más de una ocasión.

He de decir que me siento particularmente orgulloso de su última etapa.
Sus fases depresivas habían remitido, ya no tenía ansiedad, dormía bien y podía leer.

Eso lo cambió.

Venía frecuentemente a casa a pedirme información sobre algún que otro sistema educativo alternativo, hablábamos de política, de relaciones humanas, de las dependencias emocionales, de la presión en general.
De lo bueno y lo malo de estar en esta casa de locos que llamamos mundo.


Hay momentos que uno se llevará a la tumba; se sabe en cuanto los has vivido.
Yo me llevaré, entre otras cosas, mi última conversación con él.
Recuerdo tenerlo sentado delante de mí, en el bar, con su mirada inquisitiva, un tanto desconfiada, analizando el entorno.
Tony �?? me dijo �?? Si nuestros padres han terminado siendo unos infelices, con su dinero, sus trabajos, su sofá y su tele, y todo ese vacío en el alma; si este sistema no funciona, si tenemos guerras, si sólo nos planteamos metas económicas en lugar de metas humanas, si no nos atrevemos a cambiar lo que no funciona porque somos cobardes y cómodos, si esta forma de vivir nos lleva a repetir los mismos errores una y otra vez�?� ¿por qué seguimos?, ¿por qué nuestros padres insisten en que vivamos según algo que a ellos no les ha servido?, ¿ por qué pensamos, tío, como banqueros?

Recuerdo mi respuesta.

Recuerdo que le dije que no debía angustiarse y que el plan de acción estaba claro.
En primer lugar entender porque no funcionan las cosas, donde están los fallos.
En segundo lugar, en caso de no poder presentar soluciones, hacer un análisis lo más minucioso posible de ellos.
En tercer lugar comunicarlo al mayor número de gente posible.
En cuarto lugar confiar estúpidamente en que la gente, una vez informada y con las demostraciones en la mano de que esto no nos lleva a ningún sitio, haga algo.

Lo estás haciendo bien, le dije, estás mirando al mundo que te rodea con una visión crítica y analítica, estás, pese a todos tus problemas, tratando de cambiar las cosas, de hacer un mundo mejor, aunque sea sobre el papel.

Estás vivo, joder.

Tenía una buena pila de libros de Chomsky para él, alguna buena edición del Tao, un poco de visión ácida de mano de Bierce, alguna sonrisa entre desgracias e inmundicias de mano de Reverte y Nart, visiones hilarantes del amor a cargo de Groucho y Woody, esa feroz mordacidad de Quevedo, esa vida dentro de la no vida de Bukowski, alguna biografía interesante de gente que cambio cosas sin darse cuenta.

Tantos libros que nunca podré dejarle.

Ahora, en su mejor época, con lo peor ya superado, mi buen amigo, mi alumno, la criatura única que compartió sus dudas, sus miedos y sus angustias conmigo, ya no está.

Terminó de escribir su obra, un legado brutalmente extenso de letras, escritos e ideas recopilados durante años y a través de varias fases a las que él mismo puso nombre.

La terminó y saltó por el balcón.
Sin rabia, sin llanto, estando más tranquilo que nunca, me dijo su madre.
Con tantas cosas por hacer, con todo un mundo que cambiar.

No sé donde estás, colega, no sé si hay más allá, mas acá o de que cojones va este rollo de estar vivo.
Me paso mucho tiempo buscando respuestas y la mayoría de ellas sólo plantean más preguntas.
Las cosas no son justas, eso tú y yo lo sabemos.
Este sitio es un poco más jodido sin ti, no sé durante cuanto tiempo te recordaré, pero quiero que sepas que me jode haberte querido tanto, que hayas sido tan especial para mi, haberme sentido tan orgulloso de verte salir del hoyo y no haberlo dicho en voz alta.

Me jode porque te has ido y no he podido darte ese abrazo que esperaba darte cuando llegaras al final del camino.

Me jode porque somos unos miserables, tú, yo y el resto; todos.
Me jode porque no cambiamos y porque vamos a seguir haciendolo así siempre.
Me jode porque tú lo sabías y yo sigo sabiéndolo.
Me jode porque te echo de menos.
Me jode porque todo esto no va a cambiar nada.

Estés donde estés, dales caña.

2 de Abril 2003

Hubieses podido ser un hombre respetable

Es curioso como las experiencias de otro pueden venirte como anillo al dedo.

Me he reido bastante, con esa risa cómplice, ya sabes lo que quiero decir; ha sido leyendo una biografía de Groucho Marx.
Contaba en un capítulo que, cuando era niño, había en su calle un chico al que todos creían predestinado para el triunfo.
Mejor aspecto, más perspicaz, inteligente y con capacidad de palabra.

Total, estando un día nuestro querido Groucho en un teatro le llega una tarjeta de su amigo de la infancia, él lo hace pasar al camerino.
Despues de los saludos y demás le pregunta por el espectaculo, vamos, que si le ha gustado y esas cosas.
Tras confesar que le ha resultado divertido nuestro joven triunfador pasa a explicar la admiración que siente por el intelecto del humorista y lo patético que le resulta ver a un hombre con ese potencial desperdiciando su vida entre bambalinas.

El tipo en cuestión, nuestro JASP del día, se había hecho abogado.

Groucho fue todo un caballero ( como él mismo apunta ) al escuchar impasible como su S.S -Supuesto Superior- le contaba que era el socio más joven de su bufete, y que estaba ganando cien dolares a la semana.
Fue un caballero por aguantar que le dijeran que no estaba haciendo lo correcto.
Claro que tambien lo fue por no contarle al individuo que él estaba ganando en aquel momento dos mil dolares semanales.

Marx se lo quitó de encima diciendole que reflexionaría sobre ello, sobre dejar el teatro y dedicarse a algo más respetuoso, honorable y dentro del camino de baldosas amarillas de lo seguro y lo establecido.
Como Dios manda, vamos.

Años más tarde volvieron a verse, el tipo insistió en que resultaba lamentable ver como su amigo saltaba ridiculamente en el escenario y hacía reir a desconocidos cuando podía estar perfectamente en un bufete, ejerciendo de abogado y, además, ganando doscientos semanales, como ganaba él ahora.
Supongo que la tentación económica del cargo no era muy atractiva para el hermano Marx, seguramente porque ganaba, saltando ridiculamente en el escenario y haciendo reir a desconocidos, unos seis mil semanales.

Esta vez Groucho afirmó que el ejemplo de poderío económico, la capacidad emprendedora, la fuerza de caracter, ese status increible, ese cuerpazo serrano, ese todo; Afirmó, como decía, que esta vez sí que lo había convencido, que iba a dejar el teatro y a ser un tipo en el buen camino.

Como nuestro abogado defensor de "las cosas son como son y no te salgas de ellas o te tendré que hacer una crítica constructiva, mal que me pese."

Tardaron muchísimo más en verse, para cuando volvieron a hacerlo Los Hermanos Marx eran ya toda una institución en el mundo del cine y, como sabrán algunos aficionados, nuestro hombre del puro poseía dos Cadillacs.

Pues bien, eso no amedrentó en lo más mínimo a nuestro abogado, al contrario, este se mostró muy descontento porque su amigo no había seguido su consejo.
Nuestro heroe se lo tomó a broma y argumento que sí, que había dejado el teatro, total, ahora estaba en el cine.

El comentario final del abogado es tan bueno que no puedo hacer otra cosa diferente a copiarlo tal cual:

"Bueno, supongo que serás toda tu vida un payaso. Es una vergüenza. Hubieses podido ser un hombre respetable. Hubieras sido un magnífico abogado."

Una vez escuchado esto Groucho paso a preguntarle que tal le iba a él, por cambiar de tema.
Nuestro poseedor de la verdad, la razón y el modo de vida correcto le contestó, orgulloso, que era uno de los socios principales y que en recompensa a una vida dentro de los límites de lo establecido y lo correctísimo, estaba ganando dieciocho mil.
El bueno de Groucho no le dijo que él también estaba ganando aproximadamente esa cifra; sólo que unas cincuenta y dos veces al año.

El capítulo se cierra con " Estoy convencido de que sigue pensando que mi vida ha sido un completo fracaso y la suya, un éxito."
Con eso, y sin darle más importancia, el libro sigue; dejando atrás al gran triunfador.

Explicaré ahora porque dije al principio que me resultaba curioso como las experiencias de otro te pueden venir como anillo al dedo.
Lo dije porque me permite ilustrar la simple linea que habría compuesto este artículo si no me hubiese topado, de casualidad, con esta anecdota.

Resumo:
Dependiendo de quien los lance, algunos insultos pueden ser la señal más inequívoca de que estás en el buen camino.

Hey! es un artículo positivo, Pasad un buen día.


Music: Consider Me Gone - Sting.

27 de Marzo 2003

Diccionario útil

Metidos como estamos en plena escaramuza, se me ocurre transcribir aquí, para el lugareño habitual, unas cuantas entradas de mi diccionario favorito.
He copiado algunas de las que más me gustan, y he puesto en mayúsculas las entradas que considero interesantes debido al momento actual.

Quizá sean de utilidad para aclarar un par de conceptos:


Aborigenes: Personas de poca valía cuya presencia destruye la tierra de continentes recientemente descubiertos, si bien pronto dejan de destruirla para pasar a fertilizarla.

Abogado: Alguien especializado en zafarse de la ley.

Absurdo: Afirmación o creencia claramente encontrada con la opinión de uno mismo.

Accidente: Evento inevitable que tiene lugar por la acción de leyes naturales inmutables.

Admiración: Nuestro afable reconocimiento del parecido que otros muestran con nosotros mismos.

ALIANZA: En política internacional, dícese de la unión de dos ladrones cuyas manos están tan metidas en el bolsillo del otro que no pueden dedicarse a robar a un tercero cada uno por su cuenta.

Auténtico: Genuino, verdadero sin ninguna duda -en opinión de alguien

Autoestima: Una valoración erronea.

BATALLA: Una forma de soltar con los dientes un nudo político que no había forma de soltar con la lengua.

CA�?�?N: Instrumento empleado para corregir errores en la posición de las fronteras.

Cínico: Un sinvergüenza cuya visión defectuosa ve las cosas como son, no como debieran ser. De ahí la costumbre entre los escintios de sacarle los ojos al cínico para que viese mejor.

Cleptómano: Ladrón rico.

CONSERVADOR: Hombre de estado al que los males presentes le agradan y que por tanto difiere del liberal, quien desea sustituirlos por otros nuevos.

Convento: Lugar de retiro espiritual para aquellas mujeres que quieren tener mucho tiempo para meditar sobre el vicio de la holgazanería.

Cortesía: El tipo de hipocresía más aceptable.

CUARTEL: Residencia en la que los soldados disfrutan de una parte de eso que ellos se encargan de quitar a los demás.

CURA: Caballero que manifiesta ser dueño del camino más corto hasta el paraiso, y desea cobrar peaje por pasar por el mismo.

Debate: Metodo para demostrar a otros lo equivocados que están.

DEBER: Aquello que nos empuja sin cesar en busca de nuevos
beneficios, siguiendo el camino de nuestros deseos.

Decidir: Sucumbir a la preponderancia de una serie de influencias frente a otras diferentes.

Degradación: Uno de los estadios de avance moral y social desde el mundo privado a la actividad política.

DEMAGOGO: Un rival político.

Desprecio: El sentimiento de un hombre o mujer prudente hacia un enemigo que resulta demasiado poderoso como para enfrentarse a él sin riesgo.

DICTADOR: El jefe de una nación que prefiere la pestilencia del despotismo a la plaga de la anarquía.

DIFAMAR: Mentir acerca de otro. Decir la verdad acerca de otro.

DIPLOMACIA: El arte patriotico de mentir en favor de la propia nación.

DIPUTADO: En política nacional, miembro de la Cámara Baja en este mundo, y que no tiene posibilidad alguna de ser ascendido en el otro.

Distancia: Lo único que los ricos dan de buena gana a los pobres para que sea suya y la guarden.

EDUCACI�?N: Aquello que muestra a los listos y oculta a los tontos su deficiente entendimiento.

Egoísta: Persona de mal gusto que se interesa más por sí misma que por mi.

Engreimiento: Respeto a sí mismo en alguien que nos cae mal.

Espalda: Esa parte del cuerpo de tus amigos que tienes el privilegio de ver cuando te sale algo mal.

EXPULSI�?N: Un remedio generalmente aceptado contra la locuacidad. También se emplea muy a menudo contra casos de extrema pobreza.

FE: Creencia sin evidencia alguna, en lo que dice alguien que habla sin conocimiento, de cosas sin parangón.

Felicitación: La cortesia de la envidia.

FRONTERA: En geografía política, una línea imaginaria entre dos naciones que separa los derechos imaginarios en una de ellas de los derechos imaginarios en la otra.

Futuro: Ese periodo de tiempo en el que nuestros negocios prosperan, nuestros amigos nos son fieles y nuestra felicidad está asegurada.

HISTORIA: Relato, predominantemente falso, de hechos mayormente triviales que ocurren debido a gobernantes generalmente deshonestos y soldados en su mayoría estúpidos.

Historiador: Un cotilla de via ancha.

IDIOTA: Miembro de una tribu grande y poderosa cuya influencia en los asuntos humanos ha sido siempre preponderante y dominante. La actividad del estúpido no se limita a ningún campo del pensamiento o acción en especial, sino que "lo controla y regula todo". Siempre tiene la última palabra y sus decisiones son inapelables. �?l impone las modas de opinión y gusto, dicta los límites de la expresión oral y circunscribe las conductas poniéndoles una fecha límite.

Imbecilidad: Un tipo de inspiración divina, o fuego sagrado que afecta a los críticos acerbos de este diccionario.

Inconveniente: No calculado para beneficiar a los intereses de uno.

Incrédulo: Tu irreverencia hacia mi divinidad.

Indefenso: incapaz de atacar.

INFIEL: En Nueva York, alguien que no cree en la religión cristiana; en Constantinopla, alguien que sí cree en ella.

INHUMANIDAD: Uno de los rasgos distintivos y característicos de la humanidad.

Jurado: Cierto numero de personas designadas por un tribunal para ayudar a los abogados a impedir que la ley degenere en justicia.

JUSTICIA: Un artículo que, en una condición más o menos adulterada, el estado vende a los ciudadanos como recompensa por su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.

Lamentable: Estado en el que acaba un ponente o enemigo tras una confrontación imaginaria con uno mismo.

LIBERTAD: Uno de los bienes más preciados de la imaginación.

Mentiroso: Abogado sin un caso especifico entre manos.

MORAL: Que respeta una serie de importantes valores locales y cambiantes. Que muestra la virtud de una conveniencia muy generalizada.

Odio: sentimiento apropiado en presencia de la superioridad de otra persona.

ORATORIA: Una conspiración entre la palabra y la acción para engañar al entendimiento humano.Una tiranía suavizada por la taquigrafía.

PATRIOTA: Alguien para quien los intereses de una parte son más importantes que los de todos.Aquel a quien engañan los políticos y se convierte en instrumento de
conquistadores.

PATRIOTISMO: Basura combustible utilizable por cualquiera que tenga la ambición de iluminar su propio nombre.
En el famoso diccionario del Dr.Johnson, el patriotismo es definido como "el último refugio de un sinvergüenza".Con todos mis respetos hacia este lexicógrafo, muy culto
pero parco en agudeza, me atrevería a decir que es el primero.

PAZ: En asuntos internacionales, un periodo de continuos engaños entre dos épocas de guerra.

PERDIGONADA: Argumento que el futuro anda preparando para responder a las reivindicaciones del socialismo americano.

Piratería: El comercio sin sus estúpidas regulaciones, exactamente como Dios lo creó en un principio.

Policía: Fuerza armada dedicada a la protección contra el crimen y la participación en él.

POLÍTICA: Un conflicto de intereses que se enmascara como una discusión de principios.La dirección de asuntos públicos para obtener beneficios privados.

PRESIDENTE: La figura más importante en un grupo pequeño de hombres de quienes ( y sólo de quienes ) se sabe con certeza que muchos de sus compatriotas no querían que
ninguno de ellos llegara a presidente.

PRINCIPIO: Algo que mucha gente confunde con el interés propio.

Razón: Propensa al prejuicio

Rebelde: Defensor de un nuevo tipo de mal gobierno que ha fracasado en su intento de implantarlo.

RECONSIDERAR: Buscar justificación para una decisión que ya se ha tomado.

Rumor: El arma favorita del asesino de personalidades

Sin amigos: Alguien sin favores que poder conceder.Desprovisto de fortuna alguna.Adicto a decir la verdad y al sentido común.

Sincero: Tonto y analfabeto.

Superar: Crearse un enemigo.

UNA VEZ: Suficiente.

VOTO: El instrumento y símbolo del poder que un hombre libre tiene para convertirse en un idiota y destrozar su país.

Pues nada, eso es todo por ahora.

Fuente: Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce.

Music: Die, Die, My Darling - Metallica.

19 de Febrero 2003

Sobre todo los martes

Es un tipo no demasiado mayor, de pelo cano; un poco calvo y de nariz afilada, un tanto aguileña.
Trabaja en un bar cercano a mi casa, donde suelo tomar café después de pasarme algunas horas con mis músicos
tratando de que las cosas suenen como han de sonar.

Normalmente los martes.

Supuestamente mi día libre; tiene cojones el asunto.

En fin, les estaba hablando de EL PROFESIONAL, así, con mayúsculas.

Ya sé que está de moda, con los tiempos que corren, mirar por encima del hombro a cualquiera que no tenga tropecientos ochenta y dos títulos y doscientos cuarenta y ocho
mil masters, a ser posible en el extranjero.
O del universo.

Pero es que el tipo me tiene absolutamente fascinado.

Desde mi segundo café con leche en ese local siempre me lo trae con dos de azúcar; como suelo tomarlo.
Cuando me acerco a la barra, con prisa y de camino al trabajo, para comprar un bote de Coca-cola... él ya lo tiene en la mano.

Y no sólo eso.

Le he visto observar atentamente las obras en el exterior sin cambiar el gesto, conoce lo que toman las dos o tres personas que casí siempre me acompañan y supongo que así
ocurrirá con el resto de clientes.

Es agradable no ser atendido por esos que hacen el trabajo a regañadientes, que están ahí porque sus sueños de convertirse en el proximo súper-ejecutivo molón se
vinieron al traste; esos que se tragaron lo del JASP.

Sin saber que realmente JASP significa Joven Aunque Siempre Puteado.

Así que, como iba diciendo, a uno le gusta encontrarse con un PROFESIONAL, de esos que saben que su trabajo no sólo es digno, si no que es importante.
Sin ser zalamero, sin intercambiar bromas, sin caer en el colegueo fácil o en la grosería de esos para los que poner un café es rebajarse.

Un tipo serio, pero no seco, que hace bien su trabajo.
Ya lo he dicho: un PROFESIONAL

Ante esto no puedo evitar pensar quién nos hará sentir así cuando todos seamos abogados, ingenieros, arquitectos, informáticos y demás.

Quién nos mirará desde el otro lado de la barra y nos dirá:

Un café con leche con dos de azúcar, ¿verdad?

Haciéndonos sentir cómodos.

Sobre todo los martes.

Music: My favourite Things - John Coltrane

11 de Febrero 2003

Y los quería todos, el muy mamón

Y los quería todos, el muy mamón.

Si bien la capacidad de asombro puede considerarse casi infinita, en el ser humano, la capacidad de asombrar no se queda muy atrás.
Sobre todo en los más pequeños.

Uno recuerda sus mañanas de Sábado, en la infancia.

Me levantaba para ver aquel programa donde unos duendes ( electrónicos, eso sí ) te contaban cosas y entre sketch y sketch te echabas unas risas.
También había un tal Kiko Veneno por ahí cantándote lo horrible que era tener que mirar el horóscopo en el kiosko de al lado.
Todo por culpa de un electroduende malvado.

Tralarí.

Las tardes, entre semana, también tenían su cosa.

Un puercoespín, con la mirada fija, que andaba siempre desnudo por ahí viviendo aventuras en su barrio, con su casita verde y todo.

Aquel entrañable Super Coco, con la Jaca Paca; un vampiro obsesionado con la contabilidad, Epi y Blas ( quizá una de las primeras parejas de hecho que conocimos en
nuestra más temprana edad ), los Fraguel - estos eran los domingos, si no recuerdo mal - la Cometa Blanca, el Kiosko, 3-2-1 contacto, el Comando G, Belfy y su colega, la
Pequeña Memole, David el Gnomo, los Mosqueperros, La vuelta al mundo de Willy Fogg y un largo etc.

Sin ir más lejos; los payasos de la tele.

Aquello sí que era GENIAL.

"¿¡¡¡Cómo están ustedeeees!!!?"

"¡¡¡Jugando a la Playstation!!!" le contestarían ahora a esos pobres tipos que sólo trataban de arrancarnos una sonrisa.

O dos.

El caso es que los niños antes, fíjese, teníamos nuestra propia cultura.

Incluso teníamos música hecha para nosotros y, en ocasiones, por chavales de nuestra edad.

Está claro que luego uno se hizo mayor y descubrió que la mayoría de sus ídolos y educadores eran trozos de trapo con manos metidas en el culo, dándoles vida.
Pero no me negarán que la cosa tenía su encanto.

Uno recuerda a Enrique y Ana ( cómo degeneran las cosas, ahora que lo pienso ), Parchís y a todos aquellos semilactantes cantando pueriles cancioncitas que conformaron la
banda sonora de los primeros años de nuestra vida y se le dibuja una estupida sonrisilla en la cara.

Pero claro, las cosas cambian.

Ahora los niños que cantan ( que graban discos sería mas correcto, por que lo que es cantar, no cantan mucho ) hacen Bakalao, punchi punchi.
O Dance, que suena más bonito.

En esas estamos:

Con Desi, de nueve añitos, escuchando a las Spice Girls, como su hermanita de diecisiete, cantando por la calle "If you wanna be my lover", con sus
zapatillas de deporte, su pantalón de chándal rojo con rayitas blancas, su abrigo de vestir bien ( por aquello del contraste ) y con más hierros en la cabeza que en un desguace.

Con su tanga, que no falte.

Vicentín organizando orgías de destrucción masiva en su casa, con sus amiguitos de catequesis, jugando al Counter Strike, al Quake y a la madre que los trajo.
A ver quien hace el tiro más limpio, quien apuñala por la espalda a quien con más sigilo y quien saca más puntos, eso sí, con mucha deportividad.

Cuando uno ve a los Teletubbies, que son como una especie de versión lobotomizada de los Osos Amorosos, sólo puede desear tener un bazooka en las manos y a unos cuantos tipos
de esos que programan la parrilla televisiva delante.

Lo mejor son esos niños de trece años que se acercan a tí balanceando sus hombros, con su gorra del revés ( con el cerebro en off ) y te sueltan lo de :

"Tío, ¿ llevas papel ?" así, con voz de malote.
Me encanta, la verdad.

Me gusta la "cultura" que tienen los chavales de hoy.
Adoro que no exista diferencia entre los programas y la música que consume una chica de veinte años y su hermana de once.
Estoy que no quepo en mí mismo ante la visión de esos ciudadanos que mañana, dicen, serán el futuro.

Porque no me dirán que no tiene su cosa encontrarse con un niño y su papá en la tienda, comprando cromos y figuritas del pollo marciano ese, el Pikachu.
Observar al tierno infante exigiendo, con la energía que sólo los más pequeños pueden desarrollar, que su progenitor se los compre todos.
"Hazte con todos!!" repite el niño entusiasmado.
Como un mantra que mata todo lo que hay de niño en él y lo sustituye por un afán de acumular pokemones.

Tócate los cojones.

Y los quería todos, el muy mamón.


Music: Ain't No Sunshine - Dave Sanborn.

6 de Febrero 2003

Algo que he encontrado

Aquí os dejo algo que he encontrado :


"Primero vinieron por los comunistas,
pero como yo no era comunista
no alcé la voz.

Luego vinieron por los socialistas y los sindicalistas,
pero como yo no era ninguna de las dos cosas,
tampoco alcé la voz.

Después vinieron por los judíos,
y como yo no soy judío,
tampoco alcé la voz.

Y cuando vinieron por mi,
ya no quedaba nadie que alzara la voz
para defenderme."

Martin Niemöller


Y eso es todo amigos, mañana más.


Music: When the Angels Fall - Sting

4 de Febrero 2003

Uno de esos días

Ha sido inevitable.

No sé si serán los años, las convicciones o vaya usted a saber qué.

El caso es que andaba yo distraido por la sección de libros de alguna mediana superficie que tiene eso, libros, y poco más.
Estaba echando un vistazo a las novedades que pudieran haber aparecido por ahí desde la última vez; igual había sorpresa y todo.

Y bueno sí, la hubo.

En la sección de música me encontré un nuevo libro sobre la Historia del Jazz.

Me pareció interesante que se escribiera otro más, ya que no hay demasiados y no todos los que hay son todo lo buenos que uno esperaría que fueran.
Así que, animoso y vital como una zarigüella en celo, me dispuse a pegarle un vistazo más de cerca.

Entonces algo entró en mi periferia de visión, sacudiendo mis sentidos como se sacude a una lombriz... para ver si está muerta.

Cojonudo oiga.

Me parece cojonudo.

¿Qué hay que poner al lado de un libro que trata sobre cómo, partiendo de la fusión de las poliritmias africanas con la música occidental y del choque de culturas, con
esclavitud y todo de por medio, surge úna música sin la cual el resto de músicas, y cuando digo resto me refiero al rock, pop, a ese hip hop tan molón, subidubí subidubá, etc, etc, llevarían bajo tierra años?

Al lado de un libro que nos habla de la única música que, a nivel práctico, ha conservado todos sus estadios anteriores en forma de estilos.
La música de la que todos van a chupar cuando se les acaban las ideas.
La música de la que los buenos vienen o hacia la que los buenos van.
La música que, me lo van a permitir, me la pone como una piedra.

¿ Qué ponemos ahí al lado ?

Fácil.


Un precioso y colorido libro de Operación Triunfo.

Con dos cojones y un palito, plas, plas.

Y no es que yo tenga nada contra O.T, que va, para nada.

Me la sudan el hatajo de llorones y estrellitas prefabricadas que deambulan por nuestras tiendas de CD's y por nuestras ondas matando la poquita cultura musical que nos quedaba ( y tampoco es que sea mucha, ojo ).
A fin de cuentas no podemos culpar a la gente de querer hacer dinero rápido y si te he visto no me acuerdo, aun a costa de la salud de sus artistas, total, siempre
habrá repuestos; sacados de una generación educada para querer, por encima de todo, ser famosos y ricos ( y la paz en el mundo, claro ).

Pero en cambio sí que le debo mucho al Jazz, yo y todos esos que dicen que no lo soportan pero luego se cagan de gusto escuchando a Pancho Céspedes cantando con esas armonías "tan poco" jazzísticas, y ese baterista tocando con escobillas, y ese contrabajo dándole el punto, tócame ahí un sol sostenido, José.
Esos que lo flipan con ese acorde aumentado en una canción de Alejandro Sanz, monstruo, machote, innovador.

Esos que son tan ignorantes como para darte las gracias si les das agua en un vasito de plástico reciclado pero que, por otra parte, te tachan de colgado cuando les ofreces beber de la fuente.

Panda de mamones.

Y hoy se ve que tenía yo la vena reaccionaria, qué le vamos a hacer.

Así que como les he dicho al principio, no lo he podido evitar.

He cogido el librito de la Historia del Jazz y lo he puesto encima del infame montón de sacadineros chupasesos de Operación Trinco.

Así no consigues nada, dirán algunos.

Aparte de quedarme como Dios después de que Franco se muriera, claro.

Realmente, amigos y amigas, hay un motivo oculto, una conspiración judeomasónica, un tapiz metafísico secreto oculto detras de ese gesto:

Es un favor.

Porque cuando nuestra joven adolescente, que sólo se preocupa de que no le piten los ganchitos del pelo cuando va a recoger a papi al aeropuerto y de estar bien guapa para poder aspirar a dependienta de Zara algún día, tenga que apartar el libro para poder acceder a ese maravilloso y completo mundo de los secretos más íntimos de las fosas nasales de Bisbal, los lacrimales de Bustamante, la dieta forzada de Rosa y, por supuesto, fotos de Manu Tenorio que besuquear entre las clases y los refrotes con Paco el de la moto, tocará el libro.

Y ese momento le situará más cerca de la Cultura que toda la colección de estupideces sobre la tontería de moda con las que, ojalá, la entierren.

Music: A love supreme - John Coltrane.

Era inevitable, señor Jazz

Bueno.

Supongo que tarde o temprano tenía que ocurrir.
Mi propio weblog.

Que os sea leve.

:P

Music: Bring on the night - Sting.